Saturday, May 17, 2008

El espeluznante caso de la demanda desaparecida

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En el forete del circo del SEIP, Pedro Amorós no consigue ponerle freno a su mitomanía, esa mitomanía que en tantos líos lo mete. Pero ahora no adorna más su currículum (cuando podría decir que le dieron el Nobel este año o alguna chirigota similar), sino que me usa de pretexto para regar su jardín de lirios y delirios.

Si usted, lector, no tiene mucho tiempo, le doy un resumen: dice Pedro que me denunció pero que no me denunció porque soy un “mexicanito” pobre y él no me podía sacar dinero, por lo que, dice, ahora se están juntando en gang todos los seudoinvestigadores “del misterio” para demandar a sus críticos aunque no tengan dinero.

(Quien encuentre la lógica en este batiburrillo de babosadas, por favor avise y explique, se agradecerá.)

Pero antes de entrar en tema, me interesa este caso como seguimiento de la entrada anterior sobre el horror a la crítica que tienen los habitantes de las cavernas del ocultismo fanaticón. Permítaseme un resumen de lo ocurrido.

El odio de los embusteros profesionales a la libre expresión de ideas y opiniones y su incapacidad para responder

En agosto escribí que un anuncio de cedés “curativos” de Amorós no sólo no curaba ni los callos, sino que su afirmación de que ciertas ondas sonoras del cedé no se podían copiar al copiar el cedé era una mentira gorda, rozagante y descarada. En lugar de responderme como corresponde a un investigadorazo miembro de instituciones internacionalmente respetadísimas, como fantasea ser, tapándome la bocota con demostraciones de curaciones realizadas con su cedé hipnótico o demostrando que efectivamente hay “ondas sonoras” que no se pueden copiar en su cedé del país de nuncajamás, Pedrito Amorós me amenazó con una denuncia por “calumnias”, misma que NUNCA presentó.

Ante tal acusación propia de un habitante del mundo de la telebasura, pero especialmente bobo, procedí a demostrar que al menos tres afirmaciones adicionales de Amorós son falsas: que es “miembro” del SETI Institute, que ha sido asesor de la CNN y que también lo ha sido de la BBC. Para ello me puse en comunicación con estas tres instituciones, todo lo cual es fácilmente corroborable. Además, encontré un reportaje en El Mundo donde se argüía con pruebas que Pedro Amorós no era “ingeniero informático” como alucinaba (deje usted de eso, en el Segundo congreso internacional de TCI en México este cabecita hueca se dejó llamar “doctor”, hágame usted el recabrón favor), y que nunca había asesorado a la Ten Thirteen Productions, la empresa que produjo Expedientes X.

Ante estos hechos basados en las respuestas de los responsables del SETI Institute, de la CNN, de la BBC, de la productora de Expedientes X y del Ministerio de Educación, Amorós no se ocupó en demostrar que sí era miembro y asesor de todo lo que decía (cuando bien podía dar el número de su título de “ingeniero informático” con el detalle que da a su inservible título de Master en Parapsicología Superior por la Academia Europea de las Artes y las Letras nº 18/1998 reg. 9832).

Para un “investigador parapsicológico” que al parecer tiene problemas para atarse solito los zapatos, esto es demasiado complicado. Mejor, en su invariable línea de conducta, Pedrúsculo vuelve a mentir diciendo que no existió mi investigación periodística, sino que todo se reducía a lo dicho en El Mundo por Javier Cavanilles y Paco Tormo, y revolcándose como un simpático Sus scrofa en su esquinita de lodo afirma que Javier Cavanilles “se había retractado” de todo lo publicado y ahora era “su amigo”.

Ahora, claro, a Pedro y a sus lamebotas domesticados les llega la lumbre a los aparejos por el risible caso de la “nueva casa” con caras “misteriosas” en Bélmez, y por supuesto, en legítimo uso de nuestro derecho a opinar, a informar, a escribir y a carcajearnos de las más bastas y groseras mendacidades, lo hemos comentado. Y Pedro se enteró. ¿Qué hizo? ¿Se defendió demostrando con los documentos certeros el origen preternatural de tales caritas?, ¿ofreció datos, mostró mediciones, aportó estudios de laboratorios independientes?, ¿ofreció algún video que excluya la posibilidad de que esto sea un fraude?

Por supuesto que no. Es más, la mitad de esas palabras ni siquiera las entiende este agente de seguros metido a Coronel Tapioca. Lo que hace es inventar que ya me demandó y amenazar con que va a volver a hacerlo. (¿A hacer qué, embusterillo, a “volver a demandarme” o a “volver a no demandarme”?)

Lo que es evidente es que estos estrambóticos mentirosos no tienen forma de responder como gente pensante a las críticas en el terreno de los datos, las investigaciones y los hechos demostrables. Entonces, en la lógica de los tertulianos de los programas del corazón, lo único que se les ocurre es amenazar a sus adversarios fanfarronamente con tribunales, juicios y procesos que obviamente no son la forma de demostrar la verdad de una afirmación paranormaloide.

Ladran, Sancho. Avanzamos. (No, nunca lo dijo el Quijote, pero si non e vero, e bien trovato.)

Vamos al caso puntual de los nuevos embustes de Amorós.

Amenazas vanas y pavoneos para consumo de los adeptos a su protosecta

Dice Pedro Amorós en su forejo y con su inimitable paragramática y su vertiginosa paraortografía: “Ante los comentarios sobre el fotógrafo, Mauricio Schwarz sepáis que con el primero de sus artículitos interpuse una demanda por injurias . Este mexicanito rebotado de ARP y ante lo paranormal, ya no tiene ni donde caerse muerto y ¿para qué? no vale la pena seguir con ésto si al fin y al cabo al que le iba a tocar pagar los gastos era a mi aunque evidentemente ganase, puesto que no tiene ni para comprar el pan. Mi abogado me dijo, tras investigarle, que no vale la pena …”

Vamos en orden:

1. Si soy fotógrafo, de ilustración editorial y a nivel internacional. Pero Amorós investiga pavorosamente mal (como siempre), pues no se enteró que además soy escritor con premios literarios en México y España, periodista Premio Nacional de Periodismo del Club de Periodistas de México en 1997 con más de un cuarto de siglo en la divulgación de la ciencia, el desenmascaramiento de investigadores falsificados y el comentario político, y para remate traductor trabajando para empresas de Europa, América y Asia. Digo, para informar a su pandillita con veracidad.

2. Pedro Amorós miente con esa falta de elegancia que le caracteriza al decir que “interpuso una demanda” contra mí. Jamás me fue notificada demanda alguna en mi contra, y eso que públicamente le invité a Pedro a ponerla, le pedí cortéstmente que lo hiciera y hasta le di las gracias por ponerla, si la ponía Y nada, desde el 10 de agosto se metió en un agujero de misterios fantasmales y allí estuvo pensando con qué nueva fábula iba a salir. Sigo esperando la denuncia, porque un juicio en forma sería un aviso utilísimo para otros vendedores de fantasías que hasta ahora gozan de una impunidad inaceptable en su mentir cotidiano y en sus amenazantes censuras contra la libertad esencial de opinión de quienes no les siguen el jueguito. Amorós sólo se interesa en lucirse ante sus seguidores, pero su amenazante “denuncia” es tan falsa como tantas cosas que lo rodean, y puedo decir sin lugar a dudas que Pedro Amorós miente como un bellaco al decir que Javier Cavanilles se retractó de lo que escribió en El Mundo y miente redondamente al decir que Cavanilles es “su amigo”.

3. Lo de “mexicanito” me encanta. Si la forma de Amorós de desacreditar a alguen es su nacionalidad, revela su bajuna calaña, su xenofobia, ese tenue resplandor fascista y racista de todos los de su especie. Pero Pedro no debería apurarse (y debería leer más este blog) porque ya le explicaba yo aquí a otro chupaflautas que he recuperado la nacionalidad de mi abuelo, así que también soy “españolito”.

4. Sé de la existencia de ARP desde hace quizá 15 años, pero nunca pertenecí ni he pertenecido a dicha organización, de modo que no me han rebotado de ella ni mucho menos.

5. Al parecer a Amorós lo está engañando su abogado. Yo vivo muy a gusto, gano bien, como sabroso, coopero con alguna ONG y ¡hasta tengo Vía Digital! Dicho de otro modo, el supuesto abogado de Amorós, “investigándome”, es tan impresentable como Amorós “investigando” caritas duras en el piso. Ciertamente yo no facturo más de un millón de euros al año como en 2001 facturó la empresa del papá de Pedro donde éste trabaja (no vaya a creer nadie que trabaja de “ingeniero informático”), ni alcanzo las utilidades de más de 150 mil euros que declararon ese año (que explicaría por qué Pedro puede perder el tiempo haciendo supuestas investigaciones fregando pisos embutido en un chalequito). Incluso si el único interés en demandarme de Pedro Amorós es el dinero (igual que su único interés en la parapsicología parece ser el dinero y la egolatría), podría ganarme al menos con qué comprar una cacerola mejos jodida que la que usó para la burda foto promocional de la casa de las caras duras de Bélmez. Pedro debería dejar de decir mentiras: si quisiera dar a conocer una “verdad” y una supuesta honra mancillada por mis críticas y la libertad de expresión que me confiere la Constitución, el que yo fuera insolvente y hasta indigente no obstaría para que me denunciara en busca de la reparación moral que representaría una sentencia a favor. Dicho de otro modo, Pedro: no me ha denunciado porque perdería y además lo pondría en ridículo (otra vez más). En mis escritos no hay nada constitutivo de delito, lo que sí hay en la sugerencia de que yo he cometido una falta legal. Si consigo que vayamos a juicio, los dineros que cualquier tribunal obligue a Pedro Amorós a pagarme serán dedicados a la lucha contra la charlatanería, por ejemplo, para pagar una investigación real de las caras de Bélmez y explorar el otro gran misterio de Bélmez, el inmobiliario.

6. A Pedro y a sus lamesuelas les molesta nuestro estilo. Eso es anecdótico. Graves son las mentiras. Y Pedro nuevamente miente diciendo que “desarticuló una secta” en Crevillente, cuando Pedro y yo (y cada vez más personas) sabemos perfectamente que por su falta de entendederas y su encumbrada egolatría. lo que hizo en Crevillente fue tratar de sentirse importante revelando en canal 9 las investigaciones policiacas de las que se le había informado de manera confidencial, lo que entorpeció la captura de al menos uno de los líderes de dicha secta, según fuentes intachables. Ésa es la verdad de su tan cacareada “asesoría” al ayuntamiento de Crevillent.

7. Como sí tengo pan (y no, no lo saqué a crédito) con qué acompañarme un corderito que aguarda en el horno, aquí lo dejo. El otro corderito, que es este pobrecillo impostor de pocas luces, me lo seguiré almorzando en otro momento.

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Primero: el hipnotizador babeante

Hace algo menos de diez años, el presentador de la televisión mexicana Nino Canún solía invitar a varios críticos de la paranormalología a un programa anual especial de año nuevo en el que una colección impresionante de desvergonzados hacía las predicciones de rigor (“morirá un personaje de gran relevancia internacional”, “habrá un terremoto con muchos muertos probablemente en el oriente”, “habrá un escándalo político de corrupción en México”, “accidente aéreo sin sobrevivientes” y obviedades por el estilo). Ante la presión que metíamos quienes hacíamos horrendas preguntas incómodas (¿quién va a morir?, ¿cuántos muertos, qué día y cuántos grados Richter?, ¿por cuántos millones nos van a esquilmar esta vez nuestros desvergonzados gobernantes?, ¿de casualidad tienen la fecha y número del vuelo?), algunos se atrevían a ser más específicos. Para su desgracia.

En el segundo o tercer programa anual de “Las predicciones”, los niños que veíamos al emperador desnudo y estábamos dispuestos a decirlo, gritarlo, publicarlo y anunciarlo, llegamos munidos con las predicciones del año anterior. Conforme el programa avanzaba, se levantaba una astróloga con abrigo de visón (lo juro) y recitaba sus tonterías, nosotros sacábamos las notas del año anterior y la confrontábamos con el hecho de que no se había cumplido ni una de sus profecías. Los adivinadodos pasaban del rojo cólera al verde furia y llegaban al blanco “te voy a partir la cara”.

De repente, mientras yo puntualizaba las barbajanadas que había dicho un año atrás cierto personajo (su sistema de predicción era “hipnotizar” a su esposa, amante, concubina o lo que fuera, y ella se tiraba a hacer vaticinios mafufos en “trance”), el tal sujeto se puso de pie furioso, empuñó las manos y dio dos pasos cruzando el set (o plató) hacia mí, ante las cámaras de televisión y en red nacional. Alguna neurona que le quedaba sin freír del todo despertó y le dio la alarma de que estaba a punto de cometer un delito de agresión ante ocho o nueve millones de personas. El tipejo masculló un insulto y volvió a su sillita mientras a mí me ganaba la risa.

Tolerancia a la crítica de los “místicos esotéricos en estrecha comunión con las fuerzas elementales del universo inmanente y la bondad esencial de las energías cósmicas”: cero.

Segundo: me atiza mi compadre

A pocos periodistas he apreciado como a Raúl Prieto Riodelaloza (o “Nikito Nipongo”, crítico infatigable de la Real Academia Española y de sus sucursales o “correspondientes”, pescador de perlas o gazapos en los periódicos (con lo que hacía su columna “Perlas japonesas”, que apareció en prácticamente todos los periódicos nacionales de México). Nik, como le decíamos, era un decidido expositor de las pendejadas o gilipolleces de los políticos, un hombre de izquierda cabal y honesta, un baluarte de la intransigencia con la injusticia y hombre poco dado a contemporizar con imbéciles, cantamañanas e ignorantes voluntarios ya fuera en ciencia, lingüística, política o cultura.

Tuve una buena amistad con Nik (que nos dejó el año pasado, por cierto, junto con otros grandes amigos como Pedro Brull, Pancho Liguori y Carlos Laguna, nombres que los lectores mexicanos probablemente conozcan) y ocasionalmente colaboraba con su columna enviándole perlas pescadas en distintos puntos de la República Mexicana, por lo cual Nik me bautizó como “el corresponsal viajero Juicio Amores (horrendo anagrama de mis nombres)” y, para remate, compartíamos casa editorial, ambos en el periódico Excélsior (cuando conservaba un mínimo de respetabilidad).

En cierta ocasión, en los 80, en mi longeva columna “Circuito impreso”, escribí un artículo sobre “La navaja de Occam” (tema que sería utilísimo que supieran de él los paranormalólogos y sus babuinos danzarines antes de inventarse “explicaciones” descabelladas, y del que pueden hallar datos aquí) y metí la pata con decisión diciendo que el brillante filósofo inglés Guillermo de Occam (u Ockham) era jesuita, cuando en realidad era franciscano (y de los militantes, tipo William de Baskerville, el de El nombre de la rosa de Umberto Eco, y no estoy tan seguro que no tenga en su genética literaria algo de Ockham).

Evidentemente, si me hubiera dado un respiro para pensarlo en vez de escribir a vuelatecla en mi vieja máquina Olimpia, habría visto que eso era un disparate de grandes alcances, considerando que Ockham vivió del siglo XIII al XIV y los jesuitas fueron un invento del XVI. Pero el gazapo se me escapó escurridizo, pasó inadvertido bajo las narices del jefe de sección, se le escabulló al puntilloso corrector (eran tiempos en que el periódico se hacía con enormes linotipos Mergenthaler, que la mayoría de los periodistas jóvenes nunca vieron en persona) y apareció todo feliz en las páginas de Excélsior.

Como mi suerte tenía que ser muy mala y no sólo mala, Nikito Nipongo puso los ojitos sobre mi columna y luego puso los deditos sobre la máquina de escribir y me puso verde. La ristra de adjetivos que me recetó fue generosa: desprolijo, ignorante de la filosofía y de la cronología histórica, irresponsable, falto de respeto al lector, incultazo… Mi amigo Nikito me puso a caer de un burro, como lazo de cochino, como jaula de perico, como Cristo de Ixtapalapa.

Me quedé pensando que si eso hacía con un amigo, no querría pensar en qué habría dicho si el dueño del gazapo fuera un desconocido.

Pero también pensé en que Nik, como yo, creía en la máxima de “Amicus Plato, sed magis amica veritas” (Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad).

No me quedó de otra que, en mi siguiente columna, darle la razón a Nikito y aprovechar para contar más de Ockham, de los franciscanos del medievo tardío y de todo el tema de la fe y la razón que era, al fin y al cabo, lo que me interesaba (y me interesa). Y conservé la amistad, que es de las cosas que sí valen.

Y me tuve que tragar la crítica porque Nik, pese a sus modotes, tenía toda la razón.

Tercero: la piel delicada de los seguidores de protosectas

En los últimos días ha sido comentado en la blogosfera española el megaberrinche colectivo de los miembros de las protosectas que capitanean Pedro Amorós Sogorb e Íker Jiménez porque en sus sagrados foros “públicos” dedicados a los halagos mutuos y a cantar la perfección inmarcesible de sus caudillos, se han metido algunos dubitativos que han hecho preguntas incómodas (preguntas que, por supuesto, ni los caciques ni sus lugartenientes ni sus credulazos de infantería han respondido) y señalado hechos reales aún más incómodos, incluyendo el desnudamiento puntual que hemos hecho aquí de la ristra de mentiras autocomplacientes que Pedro Amorós alimenta a sus adeptos para que crean que es algo más que un agente de seguros común y corriente.

La reacción ha sido propia de un genuino control protosectario: se han borrado los mensajes ofensivos y con ellos los enlaces a sitios peligrosos, se ha acusado a los dubitativos de herejes (y de intolerantes, hay que joderse), se han sugerido bajunas mendacidades respecto a quienes no pertenecen a la protosecta y se ha hecho corrillo alrededor del faraute en cuestión para decirle que sigue siendo inteligente y guapo.

Lo mismo ha ocurrido en México en el “foro” del impresentabilísimo “cazafantasmas” y ahora psicofonista colega de Pedro Amorós, Carlos Trejo, que borra y borra mensajes dedicados a exhibir su desvergüenza, su ignorancia y su desmedida ambición. Sin embargo, gracias al ingenio de algunas de sus víctimas arrepentidas, todavía tiene por allí metido un gol de parte de la crítica.

El hecho real es que los creyentes suelen ser aún más atrabiliarios que sus capitanes, aunque hay sus excepciones (como el tal cabecilla Carlos Trejo).

Los césares son los sastres del cuento del traje nuevo del emperador, pues (el emperador engañado es su rebaño, por ende). Ellos saben que los hilos de oro de su ocultismo no existen, que los telares de la paranormalidad no están tejiendo nada y saben que no hay traje nuevo del emperador, que todo es aire, ilusión y cuento. ¿Alguien puede creer que realmente Pedro Amorós Sogorb crea o haya creído sinceramente que es “miembro” del SETI Institute y que tal organización de intachable seriedad lo “apoyó” con partes de una batería de cocina para pasearse como gallo gordo en una “alerta ovni” mamona? Evidentemente no. Sabe que miente, que adorna su currículum para adobar su maltrecho ego. Pero sus ovejitas lanudas balan encantadas creyendo que este campeonazo de los tornillos flojos dice la verdad sin fallar una.

Y es que los emperadores para los que tejen sus telas invisibles estos cinicazos, es decir, los seguidores que les creen cualquier ocurrencia, están convencidos más allá de toda razón de que sus caciques no pueden mentir porque los tratan bien (es la lógica del pavo que se siente encantado de lo bien que le dan de comer algunas semanas antes de Navidad), de que los malos son “los otros”, “ellos”, “el enemigo”, los malvados herejes.

Enredados en una madeja de patrañas, en un mundo imaginario en el que nada es real, para estas víctimas (más o menos voluntarias, pero víctimas), el escepticismo ajeno, las críticas y los cuestionamientos no son algo siquiera aceptable. En nombre de la tolerancia que exigen, aplauden la intolerancia de sus califas de oropel cuando aplican la censura para impedir que alguno de los fieles creyentes pudiera empezar a dudar si visita los sitios Web malditos donde se dicen palabras peligrosas.

El siguiente paso, claro, es la quema de libros. Internet les ha puesto la tarea un poquito más jodida, pero por ganas no quedará.

Los berrinches de los credulísimos en el forete de “el” SEIP por la publicación en ABC de una carta de Fernando L. Frías criticando el desaseo informativo sobre las caras duras de Bélmez han sido también absolutamente furibundos y babeantes, como iracundos y biliosérrimos han sido los bombardeos de docenas de comentarios de odio en algunos blogs que se han “atrevido” a criticar a los pintacaritas de Bélmez y los desfiguros de las universidades que han permitido que Cadena SER les enchufe el programejo de Íker Jiménez (mamarrachazo sinvergüenza que es capaz de escribir sobre el caso “espiritista” de las hermanas Fox ocultando la confesión de Margaret Fox, con una falta de ética periodística sólo explicable por la más desnuda ambición).

La lista de correos de este último, por cierto, acaba de anunciar censura dura y pura a cargo de Frau Carmen Porter, segunda de a bordo de Jiménez en su programa y personaja capaz de creerse cualquier tontería, como puede verse en los artículos que escribe en el sitio de Jiménez y donde se demuestra que aún no se entera que los “círculos en las cosechas” son obra humana. Doña Carmen, como buena administradora de campo de concentración mental, ha advertido que borrará, impedirá, prohibirá y censurará a todos los que no sigan la línea del Führer.

Ésos son los personajes que se atreven a tachar a la ciencia de dogmática, para que usted les dé una probadita.

Prohibido pensar distinto.

Toda crítica es muestra de traición (mira tú, la misma lógica de George Bush).

Dado que este modesto blog de charlatanología fue mencionado en el foro de “el” SEIP, algún aventurero chavalillo que quiere quedar bien con su Duce Amorós (según dicen las malas lenguas, muy ocupado en escribir el libro nuevo que editará para rentabilizar las nuevas caras duras de la nueva casa de Bélmez) vino corriendo y dejó algo de grafitti coprolálico en tres de las entradas que le hemos dedicado al autoelecto presidente del SEIP (mira tú, igual que George Bush). Por supuesto, el grafitti no lo vamos a quitar ni censurar, y además pinta de cuerpo entero a los adeptos a estos protogurús.

Un ejemplo de adepto con cerebro de chicle sobre el que me llamaron la atención fue el del seudónimo “Hurdano”, de la protosecta de Amorós Sogorb, habiendo escuchado rumores sobre una segunda casa con muchísimas caras “misteriosas” en Bélmez, expresó en el foro de “el” SEIP serias dudas sobre la credibilidad del caso, incluso sugiriendo que allí había cuestiones de dinero involucradas (¡vidente!)… pero en cuanto se hizo público que la casa existía, que el investiganancioso era el soberano de sus neuronas (pocas) y que las caras las certificaba su protosecta “oficialmente”, ¡cambió de opinión a toda prisa, abandonó las dudas y cantó aleluyas a su gurú tururú!

(Véanse los libros de Pepe Rodríguez sobre el sectarismo).

El aterrador mundo arcano del ocultismo simulador

Cuando se vive en el mundo real, la crítica puede ser o una forma de darnos cuenta de que hemos metido la pata, o un pretexto para profundizar y fortalecer nuestros argumentos al enfrentarla y responderla, o una molestia menor cuando se expresa en la forma de insultos impotentes sin fondo argumental.

Pero cuando se vive en un mundo fantasmal, rodeado de voces de los muertos, caras de ultratumba, cedés curativos, celebración de la ignorancia médica, vidas pasadas, extraterrestres en cada esquina, seres de dos metros que causan el pánico en tierras lejanas, posesiones diabólicas por medio de tableritos ouija, la amenaza de volverse teas humanas mediante “combustión espontánea”, la convicción de que somos juguetes del zodíaco y de que hay rituales satánicos que funcionan y nos ponen en peligro, del riesgo de ser abducidos a una nave para ser sujetos de atroces experimentos o abusos sexuales, de crueles conspiraciones formadas por todos los científicos y todos los médicos del planeta, de profecías aterradoras, de una paranoia cuidadosamente vigilada y una sensación de ser un valeroso comando de iluminados solo contra un mundo malévolo que “no nos entiende” (algo así como los “Neos” de Matrix) la vida parece tan temible e incierta que invita a cobijarse tras las faldas de algún dictadorzuelo de opereta que no sólo dice tener la respuesta a los misterios, sino que inventa sus propios misterios y parece controlarlos, y que es cuidadosamente magnánimo, simpaticón, bonachón y amabilísimo, de la misma forma en que los timadores son la mar de buenas personas con sus víctimas mientras las despojan. Como dijo Groucho Marx: El secreto de la vida es la honestidad y el trato justo… si puedes fingir eso, ya la hiciste.

Para estos simpaticones con intenciones ocultas, fingirlo es un arte cuidadosamente practicado.

Por ello, para los discípulos de tales oligarcas de la fantochada la crítica suena a sacrilegio, sabe a ofensa, se toma como ataque personal y jamás se reconocen siquiera sus argumentos, mucho menos se responden con la razón o con otros argumentos, datos, cifras, fechas y fuentes sólidas. Todos esos elementos son ajenos al esquema mental instaurado en la percepción del adepto a la protosecta, por mucho que se ponga un chaleco que lo transmute en “investigador” por ciencia infusa. El acólito adora más la “buena persona” que es su titiritero que las “buenas ideas” o “argumentos sólidos” que pudiera ofrecer.

Los devotos fanáticos de la bonachonería estudiada de sus prebostes encuentran la crítica inaceptable e injustificable. La consideran una inmerecida bofetada de la mala suerte, un producto de la maldad del crítico, cuya buena fe resulta inimaginable para los creyentes.

Les parece una herejía.

La crítica, obviamente, no es producto de la malevolencia que la paranoia de las protosectas neomágicas adjudica al crítico. Por el contrario, la crítica es lo único que nos permite no caer en la complacencia, porque la complacencia es, precisamente, el pilar esencial del conformismo de los seguidores de muchos protogurús.

Para la gente normal, la crítica es parte de nuestra vida. Los simples mortales nos equivocamos y más vale que lo reconozcamos, y hasta se agradece que nos lo señalen.

Pero los mandamases iluminaditos de las pandillas de “investigación” son percibidos como perfectos, de modo que toda crítica es repugnante, y los seguidores acaban apostándole a esa percepción un compromiso emocional tan intenso que romper con el pez gordo implica reconocer que su vida ha sido una pérdida de tiempo y además se han comportado como unos sublimes babosos.

Pocos pueden hacer tal cosa una vez fanatizados. Hace falta valor y una objetividad que precisamente las protosectas supersticiosas se apresuran en eliminar entre sus huestes.

Sirva esto para explicar por qué creemos que los militantes integristas de las protosectas ocultistas, los “investigadores” en polvo, los creyentes comprometidos, los seguidores que expresan adoración acrítica, no son recuperables para el diálogo argumental racional. Es imposible convencerlos siquiera de discutir abiertamente de nada que cuestione el misal de fantasías descabelladas que ellos mismos han asumido como La Verdad en capitulares medievales con reborde de oro y, como todo fanático, reaccionan con violencia (no siempre sólo verbal) ante “el enemigo”.

Sus jefazos tampoco son rescatables para el pensamiento crítico. Si creen sinceramente, porque son más fanáticos que sus súbditos. Si engañan conscientemente, por razones obvias, tienen mucho que perder en lo económico, en lo emocional y en lo afectivo.

Desnudarlos públicamente cuando se pasan de listos a modo de ejemplo didáctico y dejar constancia pública de sus ideas descabelladas y del ridículo en el que ellos mismos se ponen no es para “convencerlos”, sino para ponerlos en perspectiva. Ellos nunca admitirán sus patrañas. (Y sus protosectarios no les creerían su confesión, como lo han demostrado varios ejemplos terribles.)

Si me he ocupado (y me sigo ocupando) de Pedro Amorós, es por su increíble desvergüenza personal al meterse conmigo con una grave acusación absolutamente imbécil, y para que otros aljafifes de la patraña se lo piensen dos veces antes de venir a joder con fanfarronadas vacuas.

Quienes realmente son importantes en todo este debate son quienes todavía no han tomado partido, los que dudan, los que son presuntas víctimas pero aún no le han apostado sus emociones a los mitos del ocultismo en sus numerosas vertientes, los jóvenes que, como lo hice yo y como lo han hecho y hacen muchísimos más, hacen experimentos de telepatía, juegan con la ouija, buscan “algo más” y leen sobre diversos “misterios” pero sin dejarse chupar las neuronas por cualquier deschavetado del montón.

Y los otros que son fundamentales son los medios de comunicación, las organizaciones que invitan a estos fantoches a rebuznar ante públicos desprevenidos, las universidades que se dejan fascinar por las sirenas de los grandes medios de comunicación, las escuelas y las instituciones que manejan dineros públicos que con no poca frecuencia depositan en las cuentas bancarias de estos impostores. Hacerlos conscientes de una crítica sólida, seria y sin concesiones a las supersticiones más diversas es una forma de invitarlos a cumplir con su obligación de promover el pensamiento crítico y de poner en tela de juicio el pensamiento mágico.

En gran medida para ellos se ha creado “El retorno de los charlatanes: el grupo”, lista de correos sin censura ni moderación donde se puede discutir libremente todo asunto relacionado con las “paraciencias”, el esoterismo, el ocultismo, el misticismo, la “parapsicología”, la paranormalidad y temas afines.

Porque siempre tenemos el peligro de que los protogurús se conviertan en gurús y que las protosectas devengan sectas. A nadie que no tenga muy bien amueblada la cabeza le pueden decir tan seguido que es hipersupermegafenomenal sin que se lo empiece a creer. Y los protogurús, esto es claro, tienen todavía por amueblar el ventoso ático de su cráneo. Y es entonces cuando la sociedad paga los delirios de estos comatosos ambulantes en muy distintas formas, algunas de las cuales pueden llegar hasta los extremos que nos permitió ver “La puerta del cielo”, ese grupo aparentemente inocuo y muy, muy, muy simpático de creyentes en los ovnis que acabaron suicidándose simpáticamente en equipo.

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Falsas memorias, falsas percepciones

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El tema de la “abducción extraterrestre” que comentamos en la entrada “Abduzcámonos los unos a los otros” depende principalmente de dos asuntos estudiados por la psicología más contemporánea: las falsas memorias (los recuerdos de la abducción) y las falsas percepciones (los avistamientos de supuestas naves extraterrestres).

Dependemos tanto de nuestra memoria y de nuestra percepción que resulta muy inquietante admitir que ninguna de ellas es perfecta. Pero a lo largo de los años, la psicología seria, la sociología y la criminalística han empezado a cuestionar la fe ciega que solíamos tener en las personas que dicen “yo lo vi” o “me acuerdo perfectamente”.

Nuestras percepciones y memoria no son tan confiables, tendremos que aceptarlo.

Confiar en las percepciones

Hace algunos años impartí un taller de géneros periodísticos en un diplomado en periodismo de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

Los alumnos que asistían eran en su mayoría ya periodistas en activo que deseaban consolidar su formación, por lo cual no se cocían al primer hervor, ni mucho menos. Eran ya profesionales de los medios.

Cuando tratamos el tema de la confiabilidad de las fuentes de la información y la necesidad de confirmar la fuente siempre, relaté algunas anécdotas que ilustraban cómo los propios testigos de un acontecimiento no lo podían describir con precisión, y me enfrenté al escepticismo de los alumnos-compañeros-periodistas ante lo que les sonaba una exageración del profesor. Tuve que hacer una demostración práctica.

Basado en un experimento de percepción que había leído tiempo atrás en la revista Psychology today, diseñé una representación-experimento didáctica.

Estamos dando clase y llega un chaval a la puerta, llama mi atención y pregunta por una alumna llamada “Enriqueta”. Le pregunto a los alumnos si hay alguna Enriqueta en el salón, porque yo no recuerdo a ninguna, y todos niegan la presencia de la tal Enriqueta en el grupo de periodismo. En ese momento, llega un segundo alumno por detrás del primero, grita “¡Así te quería encontrar, hijo de tu chingada madre!” y lo golpea lanzándolo al suelo a mitad del salón. Se acerca al caído, le da una patada en la espalda, le advierte “¡No te vuelvas a meter con ella!” y sale corriendo. El caído se incorpora y sale detrás de su agresor.

El ser humano, enfrentado al hecho de la violencia, reacciona con enorme intensidad. Yo, de hecho, estaba listo para atajar a cualquiera de mis alumnos que se tratara de meter en la fingida gresca, pero ninguno lo hizo. Todos, eso sí, palidecieron, se tensaron y miraron todos los acontecimientos con los ojos muy abiertos y las pupilas dilatadas (señales de preparación para la lucha, como nos enseñan los etólogos y psicólogos).

Cuando salió el segundo muchacho en persecución del primero, mis alumnos empezaron a preguntar si debían avisar a la dirección de la escuela o qué hacer. Yo simplemente dije: “Nota corta. Cinco minutos. Acaban de ser testigos de un hecho, como periodistas. Hagan una nota informativa corta sobre él”.

Cierto que alguno me miró con odio, pero entendieron e hicieron su preceptiva nota informativa corta de más o menos media cuartilla (o medio folio).

El resultado no me decepcionó. En las notas de mis alumnos periodistas, al participante en la pelea que no tenía bigote, se lo pusieron, repartieron barbas a uno o al otro, nadie describió con precisión la ropa de los dos muchachos (luego los invité a pasar para cotejarlos con su descripción, eran dos alumnos de teatro que me ayudaron en la charada), les cambiaron el color y diseño de la ropa, a una camisa le pusieron rayas cuando tenía un dibujo más bien moteado, al que traía pantalón vaquero negro se lo pusieron azul, las estaturas eran inventadas y, finalmente, nadie recordó con precisión el breve diálogo (el error más común fue decir que el agresor gritó “¡No te vuelvas a meter con Enriqueta!” en lugar de “ella”, complicando la cosa al suponer que la chica de la pregunta inicial y la de la agresión eran la misma).

Los alumnos de periodismo estaban absolutamente confundidos y frustrados al ver que no habían podido describir lo que vieron.

Mi explicación fue que si ellos, siendo periodistas, no podían describir lo que habían visto minutos atrás dado que las reacciones emocionales y la experiencia previa afectan a la percepción, como lo han demostrado los científicos que estudian la percepción, razón de más para ser escéptico con la gente que nos diera testimonio de lo ocurrido para un medio informativo, y que siempre había que confirmar la fuente o contrastar, preguntarle a dos mejor que a uno y a tres mejor que a dos, y mejor a veinte.

Pero la experiencia tiene otra lección ya no para los periodistas, sino para los paranormalólogos: su creencia ciega en las declaraciones de todo tipo de personas (médiums o canalizadores, contactados, abducidos, tarotistas, inventores de caras pintadas en el piso, psicofonistas, testigos de apariciones y cuanto le venga a usted en gana) no sólo es riesgosa, es peligrosa y boba porque las percepciones no son del todo confiables.

Y, por supuesto, lo son menos al paso del tiempo.

Las falsas memorias

En las películas suena muy bien eso de “¿Dónde estaba usted la tarde del 23 de marzo de 1994?”, pero en la vida real, en la gran mayoría de los casos, la única respuesta sincera es: “¿Y yo cómo carajos voy a saberlo si no me acuerdo donde estaba hace tres semanas?”

Hay un experimento que se documentó en vídeo y que es verdaderamente revelador. Una experimentadora le pregunta a una niña de unos 5 años si recuerda cuando se lastimó un dedo con un clavo. La niña no recuerda nada, porque el hecho no ocurrió nunca. Día tras día, la experimentadora repite la pregunta y pronto la niña “empieza a acordarse” del incidente. Al cabo de pocos días, la niña asegura “recordar” lo que estaba haciendo y dónde estaba el día que se lastimó con un clavo, el dolor, el dedo exacto que se lastimó con el clavo y cómo su mamá la curó y la consoló.

Vimos nacer una memoria falsa.

La memoria no es nada confiable, hecho que deberíamos admitir humildemente cada vez que empezamos a dar vueltas por la casa todos soliviantados y preguntando “¿Dónde dejé las putas llaves del coche?”

Los expertos en las neurociencias, los psicólogos y los estudiosos en general, no confiaban demasiado en la memoria, mucho menos cuando ésta era “evocada” por una figura de autoridad (como un médico), pero los casos eran pocos y, a sus ojos, de poca importancia: alguien, hipnotizado, decía que lo habían secuestrado los extraterrestres; pues que lo disfrute, que le ponga sal y se lo coma sin estar jodiendo la marrana. ¿Que los cálculos indicaban que para los ovnílatras entre uno y cuatro millones de estadounidenses habían sido abducidos? Pues como dijo Carl Sagan, “es sorprendente que no se hayan dado cuenta más vecinos”.

Sin embargo, el celo antisatánico y el temor sexual de muchas personas en los puritanísimos Estados Unidos llevó, en los años 80-90, a una verdadera catarata de personas que de pronto “recordaban” (generalmente después de algunas sesiones de hipnosis) que sus padres habían abusado sexualmente de ellos y los habían hecho participar en, claro, ritos satánicos atroces. El escándalo fue mayúsculo y varios buenos y santos padres fueron arrojados a los calabozos del policía del mundo. Los estudiosos pararon las orejas, empezaron a analizar la situación y determinaron que en la inmensa mayoría de los casos, los propios psiquiatras o hipnólogos tratantes habían introducido en la memoria de sus pacientes los supuestos abusos y los ritos satánicos.

Elizabeth F. Loftus, profesora de la Universidad de Washington, estudiosa del asunto y una de las máximas (si no la máxima) autoridades en falsas memorias, recuerda en este artículo que resume sus experimentos y los de otros sobre las falsas memorias: los profesionales de la salud mental y otros deben estar conscientes de cuán intensamente pueden influir en la recordación de acontecimientos, y de la necesidad urgente de limitarse en situaciones en las cuales la imaginación se usa como ayuda para recuperar memorias presuntamente perdidas”.

Por supuesto, los “profesionales” de la paranormalología, en particular los que se creen “hipnotistas”, no se limitan. Ellos están seguros de que la persona tuvo vidas pasadas, así que los hacen recordar cosas de edades más tempranas de su vida hasta que llegan antes del nacimiento, momento en el que, entre sus sugestiones y la imaginación del sujeto, se puede inventar cualquier cosa. (Elizabeth Loftus señala, también: Es muy poco probable que un adulto pueda recordar memorias episódicas genuinas del primer año de vida, en parte porque el hipocampo, que juega un papel clave en la creación de los recuerdos, no ha madurado lo suficiente como para formar y almacenar memorias perdurables que puedan recuperarse en la edad adulta.)

Crear falsas memorias, dice la científica, es bastante simple, y lo ha demostrado en numerosas ocasiones, en experimentos que han reproducido otros estudiosos.

Por otro lado, hay memorias irrecuperables, porque el cerebro humano sólo guarda cosas que va considerando útiles, y se deshace de numerosos datos irrelevantes. ¿Dónde estaba usted el 13 de agosto de 2001? es una pregunta que sólo puede responder alguien para quien esa fecha sea relevante. Como contraparte, casi todos podemos recordar dónde vimos la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, porque fue y es relevante para todos.

El trabajo de Elizabeth Loftus, el Dr. John Hochman y otros contribuyó a detener la epidemia de falsas memorias de atrocidades padres-contra-hijos hacia mediados-fines de los 90.

Y, mientras todo esto pasaba, los “expertos” en “abducciones” y en “hipnosis regresivas” optaban por no enterarse, un sistema que sin duda alguna tienen totalmente dominado.

Si la conclusión ante las falsas percepciones es que deben corroborarse con más fuentes y sólo se deben tomar como probablemente ciertos los hechos en los que todos los testigos estén de acuerdo, los expertos nos dicen que la única forma de confirmar la verdad de la memoria es con pruebas que la corroboren.

En el caso de abducidos y “regresaditos”, no hay tales pruebas, no hay información nueva que nos llegue de los etés o de las vidas pasadas. Lo único que hay es una ilusión, fortalecida porque la comparten (y la promueven) personas a las que la víctima les otorga cierta posición de autoridad.

Pero lo más alarmante es que los hipnotistas que hacen “regresiones” y creen descubrir “memorias reprimidas” nunca se plantean siquiera la posibilidad de que los relatos fantásticos que escuchan sean producto de la fantasía.

Y como ya dijimos, ¿cómo van a encontrar una explicación racional si ni siquiera la buscan?

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El descubrimiento del Homo floresiensis, un homínido de un metro veinte de estatura que se calcula que vivió hace entre 38 mil y 18 mil años en la isla de Flores, en Indonesia, y que anunció la revista Nature, es sin duda importante por muchas causas.

La principal por cuanto se refiere a nuestro tema es que la existencia de una tercera especie humana (junto con neandertal y nosotros) capaz de hacer herramientas y de tener capacidades cognitivas (si tal fuera el caso, ya bien advirtió Juan Luis Arsuaga que hay que determinar si realmente estos homínidos hicieron las herramientas encontradas, es decir, que hay que ser cautos porque se plantean ahora muchas nuevas preguntas) sería otra patada feroz a las fantasías creacionistas.

Pero con este nuevo descubrimiento también se pone en evidencia a las ideas absurdas sobre la singularidad de nuestra especie, sobre nuestra “preeminencia evolutiva” y, sobre todo, a los comandos de simuladores que fingen “investigar” cosas rarísimas como la “criptozoología” desde la barra de un bar.

Pero momento, ¿no dijo ya un brunujo, en una lista de correos de brujos, que esto es buenísimo para la “criptozoología”?

Es decir, ¿van a convertir este bofetón a sus hipótesis peyoteras en una especie de triunfo para vender más bosta de vaca encuadernada a sus pobres víctimas?

Pero claro.

Los Homo pazguatensis al abordaje

Como siempre, estos desdichados se dedican a denostar a la ciencia hasta que encuentran algún elemento científico que pueden comercializar, y entonces gritan como una tropa de monos aulladores cuando ven un jaguar: “¡Ya ven! ¡LA CIENCIA nos da la razón!”

Curioso, porque cuando la ciencia no les da la razón (en la casi totalidad de los casos), entonces la ciencia es fascista, dogmática, conspiranoica, cerrada, ciega, malévola, inútil, incapaz y todo lo que se les ocurra.

Es decir, que manipulan la ciencia igual que todo: a la sola conveniencia de sus gordos egos y sus más gordas billeteras.

Por ejemplo, sabemos que el Homo floresiensis vivió hasta hace al menos 18 mil años por medio de diversos métodos de datación, desde el carbono 14 (C-14) hasta la resonancia de spin de electrones (ESR), y eso lo aceptan encantados de la vida los mismos chupaflautas que dicen que esos sistemas de datación no son fiables para determinar sin duda alguna que el lienzo de Turín (“Sábana Santa”) es una falsificación del siglo XI-XII.

(Campeón en esto de la reinvención de la física atómica para marear congéneres es Javiercito Sierra, que alucina que el incendio al que estuvo expuesto el lienzo de Turín pudo “afectar” la datación con C-14, demostrando que no tiene puta idea de qué hace el fuego y qué hace la datación con C-14. Le dejamos una pista: que lea cómo se datan restos de antiguas fogatas con C-14 para que vea que el fuego no altera la proporción de isótopos de carbono en una muestra. Ah, tontito.)

Fascinante, ¿no?

Pero el hecho real, que ninguno de estos advenedizos con ganas de dinero facilón puede eliminar, es que el hallazgo del Homo floresiensis no lo hicieron los “criptozoológos”, los ovnílocos, los brujetes de la radio, los seudoinvestigadores que sustituyen la formación profesional con un chaleco, los productores en masa de libros mamones ni ninguno de su lamentable cónclave de fantasiosos a sueldo, sino científicos de verdad, como Mike Morwood y R. P. Soejono, los encargados del equipo de excavación arqueológica, y Peter Brown, quien hizo el análisis de los restos.

Ningún brujo pedorro de las ondas y las editoriales andaba cerca.

Ahora, evidentemente, un científico honrado, honesto, serio, preparado y no proclive a aterrizar sobre las cuentas bancarias ajenas para hacerlas más ligeritas, se toma estas cosas con calma. Peter Brown recibió los primeros restos de Homo floresiensis en septiembre de 2003. En lugar de hacer lo que los farsantes de la paranormalología e ir corriendo al programa de radio de un amiguete o cómplice para soltar cualquier barbaridad que se le ocurriera, estudió el asunto, hubo más excavaciones, muchos análisis. Sabían que tenían algo importante, pero al mismo tiempo sabían que por lo mismo debían tratarlo con toda la seriedad y estudiarlo a fondo para no dar conclusiones aventuradas, apresuradas ni inventadas. Se tomaron un añito.

Cuando acabaron, no fueron a los “grandes templos de la criptozoología” como serían Más allá de la ciencia, Año Cero o cosas por el estilo. Fueron a una revista como Nature (que nunca publicaría los febriles delirios de los brujazos). Los encargados de la revista pasaron los datos a científicos independientes de los descubridores para que evaluaran si el asunto era serio o se parecía a las caras duras de Bélmez de la Moraleda. Una vez que los otros científicos decidieron que este descubrimiento era sólido, se procedió a la publicación.

¿Cómo es posible que celebren esto los mismos que nunca se han preocupado por hacer las cosas bien y que, para remate, saben perfectamente que nunca les publicarían sus seudoinvestigaciones en Nature, cosa que por otro lado les da exactamente igual ya que lo suyo no es el conocimiento sino la depredación de ingenuos bienintencionados y la obtención de admiradores?

Pues prepárese usted.

Desde el yeti hasta el trasgu

En breve los escuchará usted llegar a la brillante conclusión de que unos esqueletos de hace 18 mil años en Indonesia de alguna manera “prueban” que existen determinados mitos modernos en lugares que no tienen nada que ver con Indonesia.

Los investigadores falsificados del mundo paranormal no han siquiera podido aceptar el descubrimiento de que todas las pruebas del Bigfoot o Sasquatch fueron un invento burlón de Ray Wallace, que les vio la cara de zopencos a los crédulos durante 44 años, de modo que no tendrán problema en utilizar indebidamente el descubrimiento de Homo floresiensis para justificar su creencia no sólo en Bigfoot, sino en el yeti, el chupacabras, el “mono zorrillo” (o “mono mofeta”) de la Florida y hasta el “hombre polilla”, mito recurrente.

Es obvio, también, que la seudodisciplina de la “criptozoología”, como la entienden los Homo pazguatensis, incluye desde animales cuya existencia es altamente probable (como el tilacino o tigre de Tasmania) hasta delirios tan insensatos como el monstruo del Lago Ness, el tal “hombre polilla”, el “demonio de Jersey” y las hadas.

Para cualquier persona relativamente normal, claro, el que se probara la supervivencia del tigre de Tasmania no significa que debamos creer en el Yeti o abominable hombre de las nieves, pero las personas relativamente normales no suelen volverse “criptozoólogos”.

En este caso, además, los Homo pazguatensis, siendo tontos, no lo son tanto como para no darse cuenta de que el Homo floresiensis era pequeño.

En la fantasía, los duendes son pequeños, los gnomos son pequeños, los pitufos son pequeños y los trasgus asturianos son pequeños, por dar unos cuantos ejemplos.

Y a los vendecriptosidades no les va a importar que los duendes, gnomos, pitufos y trasgus fueran mágicos, o que tuvieran poderes, o que se supone que han vivido en los últimos pocos cientos de años y bastante lejecitos de Indonesia. Ni siquiera que algunos sean azules. Las miles de diferencias entre los mitos y este descubrimiento no serán óbice… se centrarán en que son pequeños y en pocos meses tendremos libros al respecto.

De hecho, a todos los habitantes del reino de las hadas les llaman “La gente pequeña”, ¿no? Pues nada, no faltará el que diga que el Homo floresiensis “demuestra” (a saber cómo) que existe “la gente pequeña”.

Reinventemos la hadología.

Claro, hay que buscar en la “literatura” seudocientífica a ver cuándo y dónde dicen que en la isla de Flores hay homínidos de un metro de alto capaces de hacer herramientas.

Y veremos que no lo dicen en ningún lado.

Ningún “investigador” de lo paranormal, ningún “criptozoólogo”, ningún egregio ejemplo de rusticidad interesada, previó ni pudo haber previsto este descubrimiento de la paleoantropología.

Pero los Homo pazguatensis explotarán al pobre Homo floresiensis, oh hermanitos, vaya si lo explotarán.

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Abduzcámonos los unos a los otros

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Primero que nada, vea usted esta imagen.

¿Ya?

No me dirá usted que no es la viva imagen de un superinvestigador que le provoca al espectador una sensación de absoluta confianza, que transmite total seriedad, que exuda esa modestia que emana de los científicos bien preparados, esa tranquilidad que da el trabajo cotidiano en el laboratorio, en el observatorio, en el pizarrón donde se desarrollan las fórmulas matemáticas.

Es, obviamente, un autodoctorado “investigador” de “el” Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP), feudo de Pedro Amorós Sogorb, el modesto y tímido agente de seguros que al ponerse un chaleco milbolsillos con su escudo se convierte en Superinvestigador, el azote de los fantasmas.

Bueno, el investigadorazo de la foto, con las cabezas de dos etés decapitados, es José Manuel Durán Martínez, quien por supuesto “dirige” una revista en la que repite las mismas tonterías que todas las revistas de ese tipo.

Me lo encontré sin buscar al SEIP, lo juro, buscaba sólo una cita en español sobre abducciones para empezar esta entrada en memoria de la pobre Betty Hill, recién fallecida, y la cita de él que encontré no tiene desperdicio, con el sabroso añadido inesperado de proceder de la factoría de imbecilidades que es “el” SEIP: “La clave de la Ufología se encuentra en el ámbito de las Abducciones”, nos dice en este sesudo artículo.

Me gusta mucho que ponga Ufología y Abducciones con mayúsculas, demostrando que como todos los de su especie disfruta pateando el idioma, y me gusta porque en sólo 13 palabras nos muestra la colección de cosas en las que creen estos tipos, cada una más improbable que la otra, a saber:

1. Hay civilizaciones extraterrestres (muy probable, nada orate).

2. Las civilizaciones extraterrestres son más avanzadas que nosotros (probable, sin duda).

3. Las civilizaciones extraterrestres más avanzadas nos han detectado (poco probable por radio, las ondas de las primeras transmisiones apenas han viajado por el espacio unos 110 años a la velocidad de la luz, y a 110 años luz de la Tierra hay pocas estrellas que puedan mantener vida inteligente).

4. Las civilizaciones extraterrestres que nos han detectado están muy lejos, incluso en las Pléyades, a 400 años luz de distancia (imposible por medios naturales, quizá por “telepatía” o algo así, lástima que la telepatía tampoco existe).

5. Dichas civilizaciones pueden viajar más rápido que la luz (imposible según nuestro conocimiento científico).

6. Estas civilizaciones viajan a nuestro planeta pero sólo se dejan ver por unas pocas personas, generalmente demasiado ingenuas, demasiado crédulas o soplapitos interesados en la venta de cuentos, y se esconden de los científicos, los filósofos, los astrónomos y la gente normal (muy poco probable, cuando algo real ocurre en el cielo, suele darse cuenta mucha gente, sin contar con el absurdo que implica que vengan hasta aquí tratando de esconderse, pero pese a toda su tecnología sean tan tontos que cualquier baboso puede verlos).

7. Los viajeros de estas naves espaciales secuestran (abducen, en idioma ocultista) gente, pero su tecnología no sirve para hacer que lo olviden (muy poco probable).

8. Toda persona que dice haber sido abducida ha sido abducida, pero curiosamente la mayoría son estadounidenses, hasta dos millones de estadounidenses, el 1% de la población (no sólo improbable, sino bobo).

9. Cualquier papanatas que se vista chistoso y se autonombre investigador nos dará las claves de todo esto si le damos suficiente atención, dinero o sexo (imposible).

Si usted puede creer en todo esto al mismo tiempo sin levantar una ceja y hacerse las dos preguntas mágicas (¿Cómo lo saben? y ¿Pueden probarlo?), quizá sea mejor que suelte el dinero y se haga parte del SEIP o de cualquier otro club o camarilla de atarantados.

Seguimos los demás.

El caso de Betty y Barney Hill

Resumen rápido según los crédulos: Los esposos Betty y Barney Hill vieron un ovni la noche del 19 de septiembre de 1961 y se volvieron muy inquietos, tanto que más de un año después fueron a consultar al Dr. Benjamin Simon, quien los hipnotizó y pudo así determinar que la pareja había sido secuestrada por la nave extraterrestre y se les habían practicado estudios supuestamente médicos a bordo de la nave. Esto dio como resultado que el público se enterara en 1966 mediante dos artículos en la revista Look, un libro, The interrupted Journey de John G. Fuller, y una película para la TV estadounidense. A partir de entonces, el fenómeno de la “abducción” se disparó con miles y miles de casos.

Pues casi. Pero como siempre, los buenos investigañanes mienten usando la verdad como parapeto.

La historia es un poco más compleja.

Betty Hill, trabajadora social blanca, y Barney Hill, empleado postal negro (foto aquí), vivían bajo fuerte presión como pareja interracial en un tiempo en que la “segregación” (forma amable de llamar al apartheid) era la ley en los Estados Unidos. Las muchas presiones a las que estaban sometidos le causaban graves problemas estomacales (incluida una úlcera) a Barney, razón por la cual se fueron de vacaciones y tuvieron el avistamiento.

No hay duda de que dicen que vieron un objeto raro en el cielo. Lo que no se sabe es si vieron simplemente una luz que no pudieron identificar, una nave extraterrestre, o no vieron nada y, como ha sugerido alguien, cocinaron la historia para hacerse de notoriedad como antídoto a la violencia racial de su época (ambos podían haber recibido fácilmente una paliza si se tomaban de la mano en los Estados Unidos de 1961). Además, estaban bajo el bombardeo mediático de películas como Invaders From Mars, las revistas pulp de ciencia ficción (respetabilísimo género literario que confunden con realidad algunas personas que viven con una sola neurona en estado lamentable) y los inicios de las revistas y libros sobre ovnis que eran entonces tan buen negocio como hoy.

Como resultado de su supuesto avistamiento, Betty compró y se leyó The Flying Saucer Conspiracy (La conspiración de los platillos voladores) del Mayor Donald Kehoe (ufólogo que exprimió los cuentos de etés hasta bien entrados los 70), y se obsesionó al grado de escribirle a Kehoe contándole que habían visto “algo”, momento a partir del cual empezó a sufrir pesadillas en las cuales el platillo volador se los llevaba.

La carta de Betty a Kehoe cayó en las manos de Walter Webb, un “investigador” del barco pirata de “investigación” que Kehoe había fundado en 1956, el Comité nacional de investigaciones sobre fenómenos aéreos (National Investigations Committee on Aerial Phenomenon, NICAP, changarro que aún existe manteniendo vagos). (Obsérvese cómo se cumple la regla de que estos grupos suelen ser “nacionales” o “internacionales” y enchufan la palabra “investigación” en su nombre sin un instante de reflexión).

Webb, creyentazo irredento, fue a ver a los Hill y escribió un informe creyente. Dos periodistas creyentísimos, Robert Hohman y C.D. Jackson, leyeron el informe, fueron también a hablar con los Hill y “descubrieron” que les había tomado dos horas de más a los Hill llegar a su casa. Inventaron rápidamente el “tiempo perdido” de la pareja y lo convirtieron en un “gran misterio”. El Mayor James MacDonald, amigo de los Hill y presente en la entrevista, sugirió la hipnosis para recuperar la memoria de esas dos horas (como cualquier persona sabe, un mayor de la inteligencia de la fuerza aérea está mejor capacitado que nadie para recetar hipnosis).

Por ahí de 1962, Barney empezó a tratarse con un psiquiatra, y más adelante, el psiquiatra en cuestión, luego de ver un acto de Betty y Barney hablando de su experiencia ovni, decidió que quizá sí necesitaban hipnosis (haberle preguntado antes a un mayor del espionaje) y los remitió a Benjamin Simon, psiquiatra, neurólogo y la mayor víctima de esta historia.

Durante seis meses, Simon sometió a ambos a sesiones de hipnosis. En ellas, por ejemplo, Barney describió a extraterrestres idénticos a los que habían salido días antes en la televisión, en el programa Outer limits (una de las muchas copias blandengues del excelente Twilight zone o “La dimensión desconocida” de Rod Serling). Según Betty, los etés le hablaban en inglés, según Barney, se comunicaban telepáticamente. Las historias eran incompatibles en muchos aspectos, y donde no lo eran resultaba viable que Betty y Barney se fueran comentando lo que “recordaban” en las sucesivas sesiones con Simon.

El diagnóstico final de Simon era que seguramente habían visto “algo” el 19 de septiembre de 1961, pero en su diagnóstico final a la compañía de seguros (la que tenía que pagar porque los dos abducidos no “podían” trabajar más) dijo que Betty había creado fantasías de una abducción para llenar el período de “amnesia” (período inventado por un creyente en ovnis) y que Barney, al escuchar a su esposa contar sus sueños, los había hecho suyos con el mismo objeto: llenar el tiempo supuestamente faltante.

Barney murió a fines de los 60 y Betty pasó a convertirse en la adorada abuela de todos los ufólogos, ovnílatras y ocultólogos del mundo, viajando gratis, viviendo sin trabajar y sintiéndose importante hasta el día de su muerte.

Lástima que los ovnílatras (nombre correcto de quienes adoran a los ovnis creyendo que son potentes fuerzas del más allá) no le creyeron al doctor Simon. Él, que apenas era psiquiatra y neurólogo, conocía las limitaciones de la hipnosis. Ellos, en la búsqueda de misterios en todos los rincones, inventaron que la hipnosis podía devolver la memoria y que, dijera lo que dijera el simple médico, ellos, “investigadorsísimos por la gracia de su propio dedo”, declaraban que lo de Betty y Barney eran “recuerdos” precisos de algo que realmente ocurrió.

Y John G. Fuller escribió su libro (luego trataría de ordeñar otras zonas de la ocultología con historias de fantasmas en un avión, historias de curanderos brasileños y multitud de fábulas más que le permitieron vivir cómodamente hasta su muerte en 1990), la aseguradora pagó, las revistas pagaron, las editoriales pagaron, la televisión pagó y el negocio lo podía haber visto cualquiera con los ojos cerrados.

Cientos de miles de abducidos

El nuevo resumen que podemos hacer es: dos personas bajo fuerte presión social dijeron haber visto algo sin dar pruebas que lo corroboraran, influidos por creyentes en un mito, acaban creyendo que el mito tiene relación con lo que vieron y crean una fantasía que detecta un médico bien calificado, pero tampoco tienen una sola prueba sobre su fantasía. Los creyentazos les creen y se enfadan con los dubitativos.

Si dos personas así hubieran dicho que habían visto una “bruja” y, luego de ser influidos por creyentes en brujas, en las sesiones de hipnosis hubieran “recordado” que la vecina de la casa de junto era una bruja que los hechizó, los creyentazos habrían quemado a la vecina y probablemente a los dubitativos con ella.

Evidentemente, hay muchas otras explicaciones posibles a los acontecimientos, declaraciones y afirmaciones de los Hill, desde un engaño consciente y preparado en un mundo hostil hasta una fantasía disparada por ver algo que ellos no reconocían (desde un avión en posición desusada hasta Júpiter) y que fueron afinando y deformando bajo la influencia de al menos cuatro destacados creyentes en el origen extraterrestre de los ovnis.

Llegar a la creencia acrítica en los nueve puntos que indicábamos al principio de esta entrada basados solamente en las declaraciones no corroboradas con ninguna evidencia, inconexas, cambiantes y hasta contradictorias de dos personas a lo largo de varios años requiere un esfuerzo claro y firme por no pensar.

Todo lo cual no es una condena a la pobre Betty. Al final, pudo vivir varios años en paz con su marido mientras en los Estados Unidos se desataba la guerra por los derechos civiles, y luego gozó de admiración, respeto, buena onda (o buen rollo) e ingresos sólidos hasta el final de su vida.

Pero sí es una condena a quienes creen ciegamente, y especialmente a quienes se negaron a aceptar el diagnóstico del médico sobre las fantasías de Betty y Barney Hill.

Evidentemente, muchos “abducidos” o “contactados” posteriores han lanzado sus historias al mundo con el único objeto de ganar dinero y notoriedad, como es el lamentabilísimo caso del “doctor Jonathan Reed” (en realidad, el dependiente de gasolinera John Rutter) o el nerviosísimo escritor Whitley Strieber que pasó de escribir novelas a denunciar su abducción. Otros son gente que tiene claros signos de alteraciones conductuales que claman a gritos por un psiquiatra calificado. Finalmente, y esto es lo peor, muchos son personas normales y corrientes con tendencia a la imaginación y la fantasía, y a las que la oleada mediática y los charlatanazos mercantiloides los han convencido de que pueden ser abducidos e, ingenuamente, acaban creyéndolo.

Por ejemplo, el sitio Alien Abduction Experience and Research (Experiencia e investigación [obviamente] en abducciones extraterrestres) nos ofrece este sesudísimo test para determinar si hemos sido abducidos:

  • ¿Ha tenido frecuentes hemorragias nasales o dolores en las articulaciones sin un motivo médicamente explicable?
  • ¿Ha sentido que lo observan, o ha tenido una visión en estado de vigilia en la que se pregunta si pueden haberlo visitado los extraterrestres?
  • ¿Ha tenido una pesadilla que le causara escalofríos, lo paralizara, le hiciera sacudir la cama como en la película El exorcista, impedido que gritara pidiendo ayuda y lo ha sacado flotando por la ventana a una nave espacial que espera?
  • ¿Ha visto un ser con enormes ojos oscuros de aspecto húmedo y forma de almendra, con piel arrugada y gris?

Si responde “sí” o “tal vez” a cualquiera de estas preguntas… ¡rápidamente le ofrecen el IRM, método de “sanación psíquica” para la eliminación y desactivación de implantes extraterrestres!

65 dólares por sesión si su eté es de los “grises”, pero si es “reptiliano”, sube a 95. Tres sesiones y es usted libre.

Ajá.

Los “implantes” son el único añadido importante a la historia de Betty y Barney Hill en el mundo de los abducidos. Hay incluso un famoso podólogo (pedicurista, le diríamos en México) “especializado” en encontrarle “implantes extraterrestres” a todo el mundo y luego dar conferencias y pasearse por congresos con su cuento. (Los implantes generalmente parecen pequeñas piedras, y pregúntele usted a un médico qué tan infrecuente es que tengamos pequeños objetos dentro del cuerpo, sin que nadie los haya metido, y se sorprenderá. Ningún laboratorio de verdad ha estudiado tales trozos de grava.)

Hasta ahora, sin embargo, no ha habido un solo abducido que tenga alguna prueba medianamente sólida de una experiencia tan asombrosa. A lo más a lo que llegan es a mostrar una cicatriz que descubrieron en un momento dado de su vida y decir algo tan inteligente como “¿Usted puede explicar exactamente quién me hizo esto? (Igual se lo hizo solo, un accidente olvidado años atrás no hay modo de saberlo.) ¿Me puede decir exactamente para qué me lo hicieron? (Uta, ni que uno fuera vidente, probablemente para nada, fue un accidente.) Si no tiene respuestas, la única posibilidad es que me hayan abducido los extraterrestres y ellos me lo hicieron”.

Ante una lógica así, uno se rinde. Otros rinden su credulidad y sus billetes. Pero sólo es posible separarse tanto de la realidad en esa lógica, y sólo en esa lógica, sin pruebas, sin nada que mostrar como no sean libros (y revistas y cedés y otros materiales de merchandising) que cuentan historias.

(El asunto de las falsas memorias y las falsas percepciones, que son parte importante de esta historia, lo dejamos para otra entrada más genérica, que ya se hizo tarde y ya toca.)

Lo que tiene el cuento es que es interesante, misterioso y atractivo. Pero, para buscar cosas interesantes, misteriosas y atractivas, más vale aficionarse a la literatura. De preferencia de ciencia ficción y fantasía. A menos que su equilibrio mental no sea sólido, claro.

Si no, el peligro más evidente que tiene usted es el de acabar siendo cliente de “investigadores” así y que tire su dinero comprándoles revistas para que ellos puedan comprar así cartelitos con etés llevando sombreros con la bandera estadounidense. Sujetos que nos susurran cavilaciones tan científicas como ésta de otro sitio ocultovnístico: “No hay nada más horrible que ser abducido por seres no humanos y estar a expensas de las vejaciones más truculentas. A tenor de los relatos de supuestos abducidos…, los raptores no son precisamente tan inocentes como muchos quisieran. Horroroso ver en nuestro propio cuarto la figura de un típico gris que nos amenaza con su peculiar mirada.”

En verdad que escribe mal el tipo.

Los falsos escépticos

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En los últimos años ha surgido un nuevo tipo de charlatán que se podría llamar “el falso escéptico”, el “bufonazo de la ciencia” o, en una línea más política, “el quintacolumnista de la memez”.

Juntos, estos personajes forman el “Movimiento de Falsos Escépticos y Soterrados Engañabobos”, el “MOFESE”.

Se trata de tipos que, en su búsqueda por obtener alguno de los grandes satisfactores del charlatán, o los tres (admiración, sexo y dinero), se dan cuenta de que el mundo del esoterismo, las paraciencias, el misticismo, la parapsicología y la parafernalia de estas paratonterías cuentan en sus filas con ejemplares capaces de desacreditar hasta a Nelson Mandela si se toman una foto con él.

Esta aguda percepción puede tener varias formas: “Paco Porras es un tanto fantochesco”, podría ser uno de sus agudos razonamientos, o a guisa de madura percepción: “eso de tomarle una foto a Jesucristo con dos de sus apóstoles resulta ligeramente dudoso”. O bien: “hombre, quizá ya se ha demostrado suficientes veces que no se puede encontrar agua con un palito” o en un esfuerzo neuronal verdaderamente olímpico, perciben que “se me hace que el mal de ojo no existe”.

Si no, siempre les queda hablar mal de las sectas, sabiendo que la alarma social ante el fenómeno sectario es tal que eso les gana puntos, siempre y cuando el público no se dé cuenta de que lo que viene después es, en realidad, altamente protosectario y ciertamente fenicio. Las sectas causan mucho miedo, y éstos aprovechan que ellos todavía no causan tanto miedo, aunque sean pocas cosas las que los diferencian de las sectas más peligrosas.

Como sea, su instinto mercadotécnico los llama a hacer lo que en publicidad se llama “diferenciación”, para así “posicionarse” en la mente del público en una dimensión distinta de los más colosales palurdos de su tribu. La “diferenciación”, por ejemplo, es lo que hace que los fabricantes de detergente inventen nombres esquizoides para los más sencillos ingredientes, haciéndole creer al inocente comprador que sólo ellos tienen “cloritrax sulfamida, para cortar la grasa”, “espumol polifrutado para que no se le corte la espuma”, o bien se agrega algún ingrediente sumamente idiota, como la sávila “para cuidar sus manos” (claro que, si el detergente es bueno, le lavará de las manos completamente la sávila que él mismo contiene, con lo cual usted paga por un ingrediente que esencialmente sólo sirve para tirarlo por el caño).

“Diferenciarse” es ser distinto, sí, pero también “mejor” a ojos de las chusmas. Una consecuencia de la diferenciación es el “posicionamiento” que da “valor agregado” a los productos (todo esto son grandes secretos de la publicidad y la mercadotecnia o márketing).

Por ejemplo, es difícil de creer que hacer un Ferrari Enzo cueste seiscientos mil euros, es decir, cuarenta veces más que los quince mil euros de un Renault decentito. En realidad no cuesta tanto, ni mucho menos, por más que esté hecho a mano con el último alarido de la tecnología. Pero el caso es que Ferrari no sólo vende las materias primas, la mano de obra y la tecnología, nonono, vende “status”, vende “imagen”, está posicionado como lo máximo en automovilismo, al grado de que la propia Ferrari decide a quién le vende sus coches y a quién no. Un pelagatos con dinero que no pertenezca a la Jet Set tendrá que buscarse su Ferrari de segunda mano, porque la fábrica en Milán lo mandará, si le da la gana, a meterse sus seiscientos mil euros por donde no les dé el aire. Y entonces ese “posicionamiento” genera la percepción de “valor agregado” y no faltan (al contrario, sobran) los que desean pagar los seiscientos mil euros para poseer un Enzo o un Testarosa.

Bueno, entre los charlatanes también hay “diferenciación” y “posicionamiento”. Después de todo, el negocio que tienen es pura mercadotecnia.

Ante la ristra de zarandajas indefendibles que abundan en el mundo de lo esotérico junto a constructos levemente menos orates, los falsos escépticos de estos tiempos adoban el terreno donde van a construir sus engaños posteriores con la crítica a las estupideces más notorias de lo para anormal. Las sectas les gustan mucho porque los daños que producen estas formas de charlatanería destilada son bastante obvios y porque han generado una alarma social que no parecen producir, salvo en contadas ocasiones, otros buitres carroñeros del zoológico de la irracionalidad.

A partir de allí, el falso escéptico se “gana un nombre” metiéndose con lo más indefenso de entre sus congéneres de la fauna para anormal, y se presenta así, ante el público, como “defensor de la verdad” y “genuino crítico” de la charlatanería. Lo hace, sí, con mejor instinto mediático que los habituales críticos de lo paranormal, y además no tiene empacho en usar armas poco éticas (como aprovecharse de las víctimas de las sectas para darse lustre).

El falso escéptico construye una crítica sólida (nomás faltaba que no fuera sólida, sobre todo porque para ello depreda el trabajo de quienes realmente luchan en favor del pensamiento crítico) contra las taradeces más obvias y peligrosas. Llegado el momento, cuando ha conseguido que el público tenga la impresión de que está del lado de “la razón, el conocimiento y el pensamiento crítico”, procede a soltar su bomba personal: “Ah, pero yo, como investigador serio, cosa que ustedes me reconocen, sí he encontrado uno o más casos genuinamente fantásticos, maravillosos y probadamente paranormales, y como ustedes saben, yo no me dejo engañar con cualquier burrada”.

Luego proceden a vender su burrada.

No es infrecuente que, para ello, organicen alguna “sociedad nacional”, “organización mundial”, “frente galáctico” o “federación universal” de cualquier cosa relacionada con la parapsicología y que tenga por ahí embutida la palabra “investigación”, y pueden así agenciarse como clientes a personas más avispadas y probablemente más forradas de billetes que las víctimas de las astrólogas de televisión o los curanderos más fantochescos. Con eso ya les da para conseguir un programilla en radio o TV locales y diseminar mariguanadas sin fin.

El fenómeno está presente, al menos, en España y México. Obviamente sería interesante saber si lo hay en otros países.

En México, hace muchos años, cuando fundamos la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica (SOMIE), se apareció en los alrededores un sujeto más misterioso que un policía chino, siempre impecablemente vestido con trajes que se salían de su presupuesto, la pelambrera engominada y, lo más sospechoso de todo, bigote de línea (todo el mundo sabe que el bigote de línea denota insinceridad a menos que usted viva en los años 40).

El tal tipejo respondía al nombre de Juan Chía, (hasta el día de hoy no sabemos si es su verdadero nombre), y se movía como el mero a medias aguas, fingiéndose parte de SOMIE mientras armaba una especie de delirium tremens de “escepticismo del escepticismo”, lo cual no es en sí malo (al contrario) salvo cuando se ejercita de modo deshonesto, vil y con la oreja parada para ver dónde suenan monedas y tirarse al suelo a pescar las que se puedan.

Los demás miembros de SOMIE, que son ante todo mis amigos, me acusaron de paranoico. Juan no era mala persona, decían. Es peor, decía yo. Para no discutir, parábamos allí.

El peor momento que recuerdo fue cuando nuestro amigo, “El místico Abadaba”, mago bufo y en la vida real físico nuclear, hizo una “cirugía síquica” (o “cirugía psíquica”) en la Universidad Obrera de México. Chía miraba las hábiles manipulaciones del mago, veía cómo parecía que la manota del físico entraba en el vientre del voluntario, la sangre manaba, surgían fragmentos de aspecto orgánico. Claro que luego Abadaba procedió a explicar y demostrar que todo era un trucazo como el inventado por Tony Agpaoa en Filipinas y hasta hoy explotado por sus legatarios en este país y en Brasil (sobre todo), pero parecía que a Juan Chía se le hacía agua la boca al ver cómo el público, que sabía que esto no era de verdad, empezaba a creer que Abadaba sí estaba abriéndole el vientre al voluntario, sin que faltara quien abandonara la sala con mareos y arcadas.

No, no me daba buena espina el tipo.

Por desgracia, yo tuve razón, “Juan Chía” resultó ser un soplapitos como un fuelle de órgano de catedral que a la menor oportunidad se agenció un programa de televisión en el que promovía las mamadas más impresentables, compitiendo contra adversarios de la (nimia) talla de Jaime Maussán, se apareció en revistas de delirios de todo tipo y se olvidó de SOMIE y de los más elementales principios de la honestidad, la ética y la vergüenza, aunque no sin usar el nombre de la organización para sus fines durante un buen rato.

“Juan Chía” sigue medrando por allí, cobre que te cobre, pero no llega a los niveles de dos personajes muy parecidos en cuanto a su facilidad para acusar a la gente de las acciones más extravagantes (narcotráfico, delincuencia variadita, quemas de libros) sin demasiado miedo a que la justicia actúe en su contra gracias a su uso eficaz de los medios, a sus excelentes relaciones con el poder y a su manejo del miedo: el mexicano Carlos Trejo (que modestísimamente se hace llamar “el mejor cazafantasmas del mundo”) y el gallego Manuel Carballal (que aún más modestísimamente promueve una autobiografía fantástica que lo presenta como un injerto de Sherlock Holmes, Rambo, Jesucristo y Paco Porras).

Los dos alborotan como gallinas espantadas acusando de “charlatanes” a los blancos más fáciles de su mundillo, y luego ofreciendo acusaciones similares contra quienes promueven el pensamiento racional y crítico. Algunas de las acusaciones son verdaderamente de delirio, pero eso les tiene sin cuidado. Trejo, según varios informes, no duda en amenazar a sus detractores con “partirles la madre”, simpática manera mexicana de anunciar una paliza. Carballal siempre avisa que dispara mejor que Wyatt Earp, es más hombre para los golpes que Bruce Lee y es más valiente que un zorro metido en un gallinero.

No está por demás anotar que la existencia de los miembros del MOFESE indica que, al menos en una pequeña medida, la crítica a la irracionalidad ha alcanzado cierta respetabilidad y fuerza en el mundo de la paranormalología. Pero también deja perfectamente claro que los espacios mediáticos que la crítica a lo irracional no sepa, no pueda o no quiera explotar, serán ocupados rápidamente por los militantes del MOFESE, que usarán la crítica a lo irracional para alcanzar sus fines.

Carlos Trejo sigue tan campante, como se denuncia constantemente en la lista de correos Carlos Trejo y el fraude jocoso, así como la sección dedicada a Carlos Trejo en Tumbaburros (véase el enlace en la barra derecha). Cobra y cobra (y ¡cómo cobra!, cursos de un día a mil pesos [unos 80 euros], conferencias a tutiplén con entrada cobrada, libros, camisetas, gorras) sin preocupaciones.

Manuel Carballal sigue siendo miembro de casi todos los consejos editoriales de las revistas ocultistoides españolas y de casi todas las asociaciones, sociedades, grupos, clubes y pandillas ocultistas (incluido “el” SEIP), aunque últimamente anda muy ocupado vendiendo supuestas investigaciones bajo su seudónimo de Antonio Salas y, si el negocio le funciona, probablemente tenga más futuro en la telebasura que en la paranormalobasura.

En algún lugar de este mundo, o en varios, se están cocinando los nuevos miembros de MOFESE.

Lo cual demuestra lo ya sabido: para éstos personajes no hay límites. Cuidado con ellos.

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Ahora hay una carta para la Universidad de Castilla La Mancha

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Continúa el idiotour de Íker Jiménez y sus perritos bailarines por las universidades españolas. Qué buen momento, la recepción de nuevos alumnos y el inicio del curso para captar nuevos adeptos y nuevos compradores de libros orates.

Mejor momento es para avisarle a las universidades de lo que pasa. Porque es evidente que no saben claramente de qué va el asunto, lo ven con la indolencia que generalmente otorga la gente pensante a estas patrañas, sin darse cuenta de que con ello les abren las puertas y, por el camino, los dotan de clientes.

Y como sigo creyendo que lo mejor es ir directamente a los interesados en vez de ocuparnos de la endogamia, va carta para la Universidad de Castilla La Mancha. Si usted quiere, ya sabe, cópiela, inspírese en ella, cámbiela o tírela y haga otra, pero no deje de decirle a la UCLM por email a lsanchez@rec-cr.uclm.es del desfiguro que están por hacer.

Leo con asombro que la Universidad de Castilla La Mancha ha cedido el Convento de San Pedro Mártir, en Toledo, para la emisión del programa “Milenio 3″, del conocido ocultista y mercader Íker Jiménez.

¿Cómo es posible que una institución de educación superior no solamente abra sus puertas a la superstición más grosera, al mercantilismo de la ignorancia, a la pseudociencia y el engaño cuando ni el conductor del programa, ni su segunda de a bordo ni ninguno de los habituales colaboradores y entrevistados ha demostrado jamás ningún conocimiento científico, ninguna seriedad científica, ningún interés por divulgar la ciencia y, por el contrario, constantemente repiten la supuesta denuncia de que lo que llaman “ciencia oficial” (es decir, el conocimiento científico y su método) es fascista, conspiradora, cerrada, ciega, dogmática, interesada y malévola, además de que mantiene una conspiración cruel contra todos los ocultistas?

Estas acusaciones delirantes no sólo se pueden oír semana a semana en las emisiones del programa en cuestión, sino en el propio sitio donde Íker Jiménez vende sus productos ocultistas, www.ikerjimenez.com.

¿Qué mensaje está dando una institución como la Universidad de Castilla La Mancha al albergar a quien odia tanto a la ciencia? ¿Qué se está diciendo a la sociedad al darle un reconocimiento a quien cree que puede hacer ciencia sin formación, sin método y sin más interés que el eminentemente mercantil?

Me parece que ningún intercambio de Cadena Ser con la universidad, ningún trato comercial, ninguna conveniencia mediática justifica esta alarmante actitud, de modo que además de protestar por esta decisión, solicito de la manera más atenta una explicación a esta decisión y los fundamentos de la misma.

El pasado viernes 22, la Universidad de Alicante cayó en el mismo garlito, recibiendo al programa sin ocuparse de saber de qué trata y cómo se ocupa de denostrar precisamente las tareas universitarias. En un comunicado público, el Vicerrector de Extensión Universitaria de dicha institución, lamenta “Desconocíamos los caracteres polémicos del programa ofrecido para la noche del 22, al aceptar la programación”.

Creo que es obligación de la universidad, al acoger a los promotores de las supersticiones ocultistas y las supuestas “paraciencias”, exigir que ellos a su vez abran sus emisiones a científicos, críticos del ocultismo y promotores de la razón, para que la emisión no sea simplemente un ejercicio de captura de adeptos y clientes para los productos del presentador.

La Universidad de Alicante responde y le respondemos

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A toro pasado, pero la Universidad de Alicante ha respondido a lo que llama “algunos” correos electrónicos “protestando” por la emisión de “Milenio 3″ desde el Paraninfo. Por supuesto, la carta que enviamos nosotros no sólo “protestaba” sino que hacía una clara pregunta que la UA no responde.

Habrá que esperar a ver si el año próximo lo de “gran audiencia” pesa menos que la lógica esencial de una universidad y se opta por un programa menos antiuniversitario o, lo que sería mil veces mejor, que se abran las puertas a los brujos, pero comprometiéndolos a que ellos abran la emisión al pensamiento crítico, a los investigadores científicos y a los analistas de las locuras de la paranormalología.

En fin, va lo que dice la UA:

COMUNICADO DEL VICERRECTORADO DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA

En la última semana, desde el jueves aproximadamente, han llegado a este Vicerrectorado algunos correos electrónicos en los que se protestaba por la emisión desde el Paraninfo de la Universidad del Programa de la cadena radiofónica SER “Milenio 3”, en la noche del viernes 22 por los contenidos “pseudocientíficos y de propagación de supersticiones” del citado programa. Ante dichas protestas, queremos hacer constar:

1. La programación de la Semana de Bienvenida a la Universidad se realiza desde hace varios años acordando con la cadena Ser un concierto a realizar en la Plaza de toros, y la cadena ofrece varios programas radiofónicos de gran audiencia para completar la programación a celebrar en la Universidad. Los programas radiofónicos no pertenecen por tanto a la programación de este Vicerrectorado.

2. Desconocíamos los caracteres polémicos del programa ofrecido para la noche del 22, al aceptar la programación. El día 8 de octubre un miembro de la comunidad universitaria nos los puso de manifiesto en conversación telefónica, pero la publicidad se estaba realizando desde comienzos de mes y ese día las entradas del Paraninfo para el citado programa ya habían sido recogidas en su totalidad.

3. Consideramos que la suspensión en el Paraninfo de este acto habría sido contraproducente dada la previsible afluencia al mismo y posiblemente malinterpretada en su ejecución

Lamentamos en consecuencia que la realización de este programa haya molestado a algunos miembros de la comunidad universitaria.

Alicante, 23 de octubre de 2004

EL VICERRECTOR DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA

Ante esto, hemos enviado el siguiente mensaje al vicerrectorado:

Estimados señores,

Agradezco en lo que vale su atención al remitirme el comunicado del señor Vicerrector de Extensión Universitaria referido a la emisión del programa “Milenio 3″ desde el Paraninfo de su casa de estudios el pasado viernes 22.

Considero, sin embargo, que dicho comunicado no responde a las inquietudes expresadas en el mensaje que envié. En ningún momento solicité, propuse o sugerí que se suspendiera la emisión del programa de ocultismo “Milenio 3″, sino que pregunté, en el mejor espíritu de apertura y debate abierto que caracteriza el quehacer universitario: “¿acaso en algún momento próximo tiene previsto la Universidad de Alicante abrir sus puertas a quienes desde la razón, la duda informada, las investigaciones reales y el análisis sereno de la superstición critican las afirmaciones que constantemente hacen Íker Jiménez y sus socios dentro del programa?”

La juventud es fuente inagotable de clientes y adeptos de estos nuevos brujos, y a ellos van dirigidos muchos de sus productos comerciales, especialmente libros como los que produce en gran volumen el director de “Milenio 3″, Íker Jiménez. Prohibiendo y censurando las supersticiones, se les dota del velo de misterio y la categoría de “prohibido” que tanto atrae a todo joven inquieto. En cambio, la confrontación de las afirmaciones sobrenaturales por medio del conocimiento, los datos, los hechos, argumentos sólidos y experimentos aseados, sí puede ser un antídoto a estas creencias ocultistas.

Por ello, repetuosamente vuelvo a plantear mi pregunta y propongo a la UA que considere la posibilidad de realizar un ciclo, mesa redonda o cualquier otra actividad en la que puedan confrontarse las creencias promovidas mercantilmente y las ideas producto del conocimiento científico en beneficio de sus alumnos.

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Ahora en lista de correos

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Se acaba de abrir “El retorno de los charlatanes. el grupo” como grupo piloto-tentativo-de-prueba con tres objetivos principales, que pueden cambiar según el favor del viento:

1. Ser un espacio donde la gente que no ha caído de lleno en las garras de algún esquilmador profesional pueda plantear sus dudas, preguntas, inquietudes, cuestionamientos y pueda obtener respuestas rápidas y bien fundamentadas por parte de personas que tienen información, datos, conocimientos y hechos que rebaten las afirmaciones paranormaleras.

2. Ya muy ambicioso, ser un espacio de debate y diálogo entre los promotores del pensamiento crítico.

3. Y, aventuradamente, ser un sitio donde los adeptos de lo paranormal puedan hablar con los que tontamente consideran “sus enemigos” sin miedo al autoritarismo que existe en las listas paranormaleras, que a cualquier miembro o mensaje “herético” lo borran, censuran, prohíben y acallan (exhibiendo así el verdadero talante autoritario de sus führercines).

La superstición del siglo XXI como movimiento neopastoril

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Toda superstición paranormal que se respete tiene que hacer referencia a “las civilizaciones del pasado”, a hechos supuestamente ocurridos “desde el inicio de los tiempos”, a conocimientos “milenarios, tradicionales y antiquísimos” o a cualquier fórmula similar. Algunas supersticiones apenas tienen un saborcillo a esta visión, mientras que otras, especialmente el niuéich (o New Age), chapotean entusiasmadas en tal pantano de nostalgias fraudulentas.

Pero todas estas hipótesis a medio cocinar comparten una visión pastoril del pasado, al que ven como un tiempo mítico, maravilloso, tranquilo, bucólicamente aburrido (o contemplativamente pleno, si prefieren, a mí me la refanfinfla), donde “el hombre vivía en comunidad con la naturaleza”, donde había “fascinantes conocimientos que se han perdido”, donde predominaba “la emoción y el sentimiento”, donde el cordero yacía con el león haciéndose arrumacos, donde los desinteresados y respetables magos leían el futuro y nos mantenían alerta a los peligros, donde los chamanes sanaban con la fuerza de su fe todas las dolencias de modo que nadie padecía ni una miserable caries, donde los atlantes venían a visitarnos y a iluminarnos sin necesidad de linternas, donde los líderes nobles, justos y santos se comunicaban por telepatía; donde lo “espiritual” brotaba a chorros por los poros de todo ser medianamente vivo, donde nuestros “hermanos mayores” provenientes de las estrellas llegaban en sus platillos voladores y nos construían piramiditas para satisfacer nuestras ansias de tener sombras triangulares, donde los hombres eran hermanos y los alegres pastores soplaban sus flautitas todo el día y danzaban con ovejitas de algodón que no apestaban a mierda porque no cagaban y que nunca se convertían en la chuleta nuestra de cada día.

Pamplinas.

El mundo nunca fue así. La vida de los seres humanos era, como dijera algún autor inglés del medievo, era “repugnante, brutal y corta”.

La gente moría generalmente joven, de enfermedades atroces, de lesiones intratables, de guerras crueles, de hambre y de frío, y a los cuarenta años se era un anciano.

La naturaleza ha sido depredada sin cesar desde que los primeros prehumanos agregaron a sus tareas de recolectores y carroñeros la de cazadores.

La ignorancia era atroz y muchos sufrían terriblemente por las supersticiones de sus vecinos.

La tolerancia era un concepto inexistente salvo como excepción.

La justicia no existía como la entendemos hoy, la culpabilidad o inocencia no se determinaban por medio de pruebas, sino por acusaciones, confesiones arrancadas por medio de la tortura o en juicios de combate o de ordalía que son parte de las “fascinantes tradiciones” que sobreviven (recuerdo vivamente un documental de un juicio por ordalía realizado ya en este siglo, donde el acusado debe lamer varias veces una cuchara al rojo vivo, luego el juez le revisa la lengua con el siguiente principio: si es inocente, la deidad correspondiente “no permite” que se queme el delicado órgano, pero si tiene la lengua chamuscada, ampollada o quemada de otro modo evidente, es señal divina de que es por tanto culpable y se le castiga como es costumbre, generalmente con la muerte).

Las enfermedades se llevaban a un elevadísimo número de los niños que nacían en el mundo, fueran de campesinos pobres o de jefes de tribu, reyes o emperadores, mentras que accidentes triviales dejaban irremediablemente tullidos a numerosos ciudadanos.

Un puñado de vivillos se imponía a la mayoría con la fuerza de las armas y les quitaba el fruto de su trabajo para vivir como príncipes mientras las chusmas apenas lograban no morirse.

Las masas vivían aterradas por las supersticiones más bastas: brujas, mal de ojo, hechizos, encantamientos, adivinaciones, amuletos.

Es decir, todos los atributos más despreciables de nuestro tiempo (explotación, guerra, asesinato, tortura, injusticia, hambre, enfermedades prevenibles, miseria, odio, ignorancia y lo que usted quiera agregar) estaban muy presentes, apoderándose del cotidiano de la mayoría de los humanos, en las culturas del pasado. Y esto demuestra también que, si bien parte de la humanidad ha progresado y hoy tiene resonancias magnéticas e Internet, ha dejado atrás con desprecio a la gran mayoría de los seres humanos que no tienen justicia, salud, alimentación, vivienda y otros satisfactores básicos.

Pero los charlatanes y sus seguidores se quieren refugiar de los horrores de este mundo en su pasado pastoril imaginario. Para ello se ocupan de ignorarlo todo acerca del pasado, pero también todo acerca del presente.

Es una forma de neorromanticismo patético.

Traduzco de WordIQ las características del romanticismo del siglo XIX:

Entre las actitudes características del romanticismo tenemos las siguientes: una apreciación más profunda de las bellezas de la naturaleza, una exaltación general de la emoción por encima de la razón y de los sentidos sobre el intelecto, un giro hacia uno mismo y un examen aumentado de la personalidad humana, de sus estados emocionales y potencialidades mentales; una preocupación con el genio, el héroe y la figura excepcional en general, y un enfoque en sus pasiones y luchas internas (…) un énfasis en la imaginación como portal de la experiencia trascendente y la verdad espiritual, un interés obsesivo en la cultura folklórica, los orígenes nacionales y étnicos y la era medieval, y una predilección por lo exótico, lo remoto, lo misterioso, lo extraño, lo oculto, lo monstruoso, lo enfermo e incluso lo satánico.

Creo que la similitud es clara.

Es evidente que una actitud “romántica” (en el sentido filosófico e histórico, sin relación alguna con el amor) puede ser un estímulo sensacional para el arte, y así lo demostraron los escritores y músicos románticos. Pero como actitud ante toda la realidad no deja de ser evasiva, ciega voluntariamente, autocomplaciente y altamente poco solidaria.

Amplío lo de “poco solidaria” y hasta lo aderezo con “reaccionaria”, “inequitativa” y “cruel”.

La superstición pastoril neorromántica (que incluye tanto a lo paranormal como al agobiante movimiento de “autoayuda” que sólo ayuda a los que venden libros y vídeos) pone el énfasis en el individuo. La persona, sola, acaso con la guía de algún pelagatos que se considera “espiritualmente superior”, es la que puede superarse. La sociedad no existe, o no es considerada como fuerza de importancia en el devenir del individuo. Quien no está “espiritualmente desarrollado” es porque “no quiere” ver la verdad y entregarse en los brazos de una u otra creencia. Este pensamiento no está muy lejos de la enseñanza que se da a los niños de las clases dominantes: “los pobres lo son porque quieren, porque no se quieren superar, porque no quieren trabajar duro y ahorrar, porque no les gusta ir a la escuela”… y a la mierda con todas las demás variables que puedan explicar la pobreza, como la explotación, la falta de oportunidades, las escuelas de pésima calidad, la falta de atención a la salud, la desnutrición, el colonialismo económico, las guerras de rapiña, la hostilidad social, la demolición de la dignidad de personas, familias, etnias y clases.

El conocimiento, en esta visión neorromanticoide, es asunto de cada individuo. Si la ciencia es una tarea colectiva de libre acceso, el “conocimiento” que celebran los adeptos es al que llega una persona sola, por revelación, por don divino, por supuestos estudios más o menos herméticos o, en el peor de los casos, por redescubrimiento de los conocimientos perdidos pertenecientes a la dorada era pasada: los “poderes” de Uri Geller, el “fosfenismo” de Francis Lefebure (o la “Medicina sagrada” de Geerd Ryke Hamer), la exaltación de los contactados, la búsqueda de héroes de cartón que se visten como el Coronel Tapioca en polvo y que afirman ser valientes, decididos enemigos de las fuerzas oscuras y perseguidos por los malosos de turno.

Loas iluminados ofrecen su saber por un módico precio, y sólo aceptan y admiten el halago, el elogio, la admiración, el asombro, el pasmo, la reverencia (algo temerosa) y el aplauso. Como héroes de la película cuyo guión ellos mismos se escriben cada noche para actuarla al día siguiente, no tienen que dar cuenta de sus actos ante nadie (ni siquiera ante la justicia, en la mayoría de las ocasiones), no aceptan críticas ni rechistares, y en la comprobación diaria de la cuenta de banco encuentran plena justificación a las mentiras con las que explotan a sus huestes.

Para cambiar el mundo, es decir, para hacer avanzar la realidad social y ajustarla a la realidad de nuestros conocimientos (por ejemplo, para que los medicamentos antisidóticos lleguen a los africanos enfermos y para que la educación e Internet lleguen a los indígenas latinoamericanos, por decir algo), es esencial conocer el presente y, sobre todo, tener una visión clara de cómo han mejorado las cosas respecto del pasado.

Todo tiempo pasado fue peor. Y reto a quien sea a que demuestre lo contrario. Vivimos en el mejor mundo de los que han existido, pero no en el mejor mundo posible.

Lo que ha hecho mejor al mundo es el conocimiento, la información, una nueva ética sólida que no dependa de patrañas religiosas, el surgimiento de la tolerancia como valor, el reconocimiento de los derechos humanos esenciales. Lo que falta es que todos esos beneficios lleguen a más seres humanos, a todos.

Lo que menos nos hace falta son vividores que denigran el conocimiento, que gritan a los cuatro vientos que es mejor difundir estupideces paranormaloides que datos certeros, que responsabilizan únicamente al individuo negando la dimensión social humana y la responsabilidad compartida de la especie.

Y menos falta nos hace que aumenten las hordas de seguidores, muchos de ellos gente de pocos recursos que acaban adoptando la moda de una clase media aburrida, desorientada y deseducada que encuentra en las nuevas (y no tanto) supersticiones una justificación plena para mantener el status quo lamentable de nuestras sociedades.

Eso sin contar con lo enormemente hipócrita y turulato que es aplaudir lo bucólico imaginario desde las comodidades urbanas reales.

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El circo de Pedro y María

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La alcaldesa de Bélmez de la Moraleda, María Rodríguez, decidió en febrero que quería hacer “un museo” sobre “las caras de Bélmez”, el misterio menos misterioso de Europa.

En mayo una “parapsicóloga” dijo que las caras de la casa original de María Gómez Cámara estaban desapareciendo.

La alcaldesa se apresuró a llamar a los medios para desmentir a la parapsicóloga. A la alcaldesa le gustan los parapsicólogos siempre que sean obsequiosos y útiles a las arcas del ayuntamiento.

En septiembre, otro “parapsicólogo” les enseña a Pedro Amorós Sogorb y su combo de ineptos a hacer “caras misteriosas” o “teleplastias” (lo científico del nombrecito es de marearse, en serio) en el cemento en la casa natal de María Gómez Cámara (otra casa, otras caras, mismo cuento).

Pedro Amorós Sogorb empieza un recorrido por los medios, se aparece donde lo dejan y, cuando ya ha calentado el ambiente, anuncia que ha “encontrado” otras “caras duras de Bélmez” en la casa natal de María Gómez Cámara.

En cosa de días, cuando mucho semana y media, el Ayuntamiento de Bélmez procede, por orden de su Excelentísima Señora Alcaldesa, a adquirir la casa nueva de las caras nuevas.

¡Cuántas coincidencias, señor, cuánto azar, cuánta casualidad, cuánta involuntaria concomitancia de acontecimientos fortuitos, cuánta contingencia adventicia!

Y cuánta desvergüenza…

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No basta escandalizarse porque la Universidad de Alicante haya decidido cederle su Paraninfo a Íker Jiménez para que éste se dedique, como siempre, a denostar a la ciencia y a los científicos con su limitado repertorio de adjetivos (“fascistas”, “dogmáticos”, “cerrados”).

El enfado ante tal estupidez egregia y colosal sólo sirve si al menos de ello se entera la Universidad de Alicante, ¿no?

Por tanto, va nueva carta. Los lectores pueden copiarla y mandarla a su propio nombre, cambiarle algo, cambiarla toda o escribir la propia disparándosela a la Universidad de Alicante a sus direcciones comunicados@ua.es o informacio@ua.es o a ambas (que es lo que yo hice).

Como simple ciudadano, no espero que me den corriendo la explicación que pido. Pero si son cien, trescientos o mil los ciudadanos que la pidan, se verán obligados a darla.

Si el disgusto se agota leyendo blogs y cuchicheando escandalizados entre amiguitos, no sirve de nada.

Dice la cartita:

Estimados señores,

Leo con asombro que para la Universidad de Alicante, el programa “Milenio 3″, del conocido comerciante de lo supuestamente paranormal Íker Jiménez es “un espacio de ciencia de vanguardia”.

¿Cómo es posible que una institución de educación superior no solamente abra sus puertas a la superstición más grosera, al mercantilismo de la ignorancia, a la pseudociencia y el engaño y, encima, lo promueva diciendo que es “ciencia de vanguardia” cuando ni el conductor del programa, ni su segunda de a bordo ni ninguno de los habituales colaboradores y entrevistados ha demostrado jamás ningún conocimiento científico, ninguna seriedad científica, ningún interés por divulgar la ciencia y, por el contrario, repiten todos, cada vez que hay oportunidad, que lo que llaman “ciencia oficial” (es decir. el verdadero conocimiento científico y su método de conocimiento) es fascista, conspiradora, cerrada, ciega, dogmática, interesada y malévola?

Estas acusaciones delirantes no sólo se pueden oír semana a semana en las emisiones del programa en cuestión, sino en el propio sitio donde Íker Jiménez vende sus productos, www.ikerjimenez.com.

¿Qué mensaje está dando una institución como la Universidad de Alicante al albergar a quien odia tanto a la ciencia? ¿Qué se está diciendo a la sociedad al darle un reconocimiento a quien cree que puede hacer ciencia sin formación, sin método y sin más interés que el eminentemente mercantil?

Me parece que ningún intercambio de Cadena Ser con la UA, ningún trato comercial, ninguna conveniencia mediática justifica esta alarmante actitud, de modo que además de protestar por esta decisión, solicito de la manera más atenta una explicación a esta decisión y los fundamentos de la misma.

Atentamente,
Mauricio-José Schwarz

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Cómo investigar un caso de caras duras (regreso a Bélmez)

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Nos llega por varios lados la información de que un “investigador” parapsicológico ovnístico y demás (con su propio club y sus propios libros, ya sabemos cómo funcionan éstos), llamado Francisco Máñez, afirma alarmadísimo que las nuevas “teleplastias” que fueron “descubiertas” por el teleplasta Pedro Amorós y sus niños exploradores amaestrados en Bélmez, fueron no producto de las almas en pena, sino hechas a mano por el propio Máñez y el propio Amorós usando un sistema que el primero le enseñó al segundo el 25 de septiembre. El sistema es el que luego dijo Amorós a todos los medios que le hicieron caso (siempre con el apoyo de la alcaldesa de Bélmez, tan preocupada por no perder la fuente de ingresos turísticos de sus caras duras) que fue su forma de “experimentar” precisamente ese día para encontrar veintitantas caras duras en la casa natal de la fallecida originadora del cuento, María Gómez.

¿Alguien lo dudaba?

En broncas internas del mundo soplapitológico no nos vamos a meter nosotros, pero visite usted el blog “Bajo el volcán” y, sobre todo, el sitio soplapitológico de “Editorial Bitácora”, donde Francisco Máñez cuenta su historia y acusa a su ex socio o ex amigo o ex cómplice o exloquesea Pedro Amorós Sogorb de fabricar las nuevas caras de Bélmez.

(NOTA importante agregada el 21 de octubre: las revelaciones de Máñez, que al parecer erea candidato a entrar a “el” SEIP, fueron respondidas por Amorós y, de pronto, Máñez descubrió su error, decidió que donde dije digo digo Diego, suavizó el artículo en Editorial Bitácora y el corporativismo paranormaloide, la complicidad y la desfachatez son finalmente los ganadores. ¿Alguien lo dudaba?)

Respecto a las caras duras de Bélmez, tanto I como II, creo que se ha escrito bastante y todos los datos están en distintos blogs, en revistas y demás, mientras que la nula credibilidad de Pedro Amorós ha quedado debidamente establecida en nuestros posts respecto de este impresentable que tuvo la increíble audacia de amenazarnos (para luego recular y meterse en su agujero).

(Vale, a petición de un par de lectores, enumero entradas de blogs sobre el desmadrote de Bélmez II: “Las (duras) caras de Bélmez”, “Los gatos de Bélmez”, “Los caras de Bélmez”, “Con las manos en la masa”, “Ciencia subdesarrollada” .)

Por ello lo único que puedo aportar es una idea de cómo hacer las cosas cuando se encuentra uno caras pintadas en el piso, es decir, todo lo que no han hecho los falsos “investigadores” que han promovido esta tontería durante 23 años.

Que las tales caras no sean creíbles como hechos “parapsicológicos” no está mucho a discusión. Basta verlas para saber que se está ante cosas pintadas por personas que dibujan mal y ante ilusiones provocadas por las irregularidades del hormigón (de hecho, estamos en safari fotográfico encontrando caras duras en los alrededores de mi hogar, pronto las podremos ver aquí, y juro que son cuando menos tan acojonantes como las caras duras de “el” SEIP, no se lo pierda).

Por supuesto, también, no es difícil percatarnos de que quienes promueven la explicación “paranormal” son a) ingenuos en grado superlativo, b) vivillos atendiendo a sus intereses ocultos (esto no sólo se refiere a dinero, también a un reconocimiento que necesitan los egos raquíticos de papanatas que se marean al subirse a un ladrillo) o c) casos de urgencia siquiátrica alarmante.

O todas las anteriores.

Pero supongamos que en lugar de ser una tropa de fanáticos ignorantes por decisión propia, los integrantes de “el” SEIP, la pandilla que lidera el probadísimo mentiroso Pedro Amorós Sogorb, fueran personas con alguna seriedad que realmente quisieran “investigar” este hecho sin atribuirle orígenes paranormales de entrada nadamás porque a Pedrusco se le ocurrió.

Las “investigaciones” mamertísimas del SEIP se resumen así: fotografía en película normal (no dicen ISO, si es de tungsteno o luz de día, pero por la foto que publican parece que ignorantemente tomaron con luz de día la cara iluminada con tungsteno), en película infrarroja y en vídeo; sometieron a la dueña de la casa, María, a una “prueba de polígrafo” que administró nosesabequién y que dispone de niideacuántaexperiencia, pero le dan credibilidad; poner una grabadora a grabar “psicofonías” (lo científico del asunto verdaderamente supera a Niels Bohr). A partir de estas acojonantes investigaciones, los seipititos se lanzan a “hipótesis”, todas paranormales.

El segundo “experimento” fue igual de contrahecho: pusieron cemento en “lugares estratégicos” la casa y aparecieron caras en él. Es decir, demostraron que allí aparecen manchas en el cemento (¡asombroso!, ¿quién lo hubiera dicho?) sobre todo que el supuesto experimento no era para enterarse de nada, sino “para la reactivación del fenómeno”, que para estas alturas suponían que era una manifestación “psíquica” de la dueña de la casa, María Gómez.

Evidentemente eso es una chapuza y un desfiguro sin validez alguna.

¡Carajo, no se puede encontrar una explicación racional si ni siquiera se la busca! Es como decir que yo no he encontrado nunca el tesoro de la isla de Cocos, cuando ni siquiera he estado cerca de tal isla para buscar el mítico tesoro.

Pero eso dicen los medios sonriéndole al espectador: “no se ha encontrado explicación racional”. Y se quedan tan contentos.

Bueno, pero, entonces, ¿qué debería hacer alguien menos fantoche si le avisan que “aparecieron” unas caras pintadas?

Bien, el primer paso NO sería meter a la casa donde “aparecen” las caritas un grupo de aparatos inútiles y soplapiteros para tomarse una foto con ellos (a mí la cacerola colgada del trípode me rebasa por completo, sobre todo porque Pedro Amorós Sogorb, en sus farragosos rollos, nunca explica para qué es esa quincallería, de modo que es razonable concluir que es sólo para tomar la foto), sino acudir a un ingeniero experto en hormigón. Un ingeniero reconocido, con título y todo, bien establecido, con un currículum confiable. (No, “el” SEIP no consigna en ningún lado haber ido con un experto, ¿para qué? si ellos son “expertos” autotitulados, autoproclamados y autopromovidos, todo lo saben, todo lo dominan, todo lo explican y venden todo lo que pueden para mayor gloria de su cabecilla).

Dicho experto debería informar al investigador cuáles son las características de permeabilidad o porosidad de los distintos tipos de hormigón. Claro, en los delirantes artículos escritos por Amorós y sus focas aplaudidoras siempre se da la impresión de que el hormigón es absolutamente impermeable, pero no es así. El hormigón es permeable, tiene poros, y por tanto no es imposible pintarle cosas y conseguir que el material de la pintura pase a las “capas inferiores” del hormigón, como anuncian todos asustados algunos haraganes en sus sitios Web. Es decir, el dato serviría para hacer las preguntas correctas que son el primer paso para obtener las respuestas correctas.

El mismo experto, claro, deberá ilustrar al investigador sobre las variaciones de color normales y conocidas del hormigón, y sus causas principales (entre ellas la humedad) para hacer más preguntas correctas.

Una vez habiéndose determinado (para sorpresa de más de uno) que el hormigón es poroso y su color no es permanente, habría que ir y analizar el tipo de hormigón en el que aparecen las caras. (No, en ninguna de las publicaciones de los falsos expertos que ordeñan este caso hay un análisis físicoquímico del hormigón en cuestión.)

Ya una vez teniendo allí al experto en hormigón, se podría tener un rapto de inspiración sublime y de inteligencia preclara y hacer alguna pregunta arrebatadora como: “Oiga, ingeniero, ¿y ésas cosas que se ven allí qué son?”

El ingeniero probablemente vería la primera cara famosa de este misterio sin misterios y diría: “Pues una cara pintada, ¿qué va a ser? Y mal pintada, a todo esto, la nariz es un desastre, las arrugas de la sonrisa son de locos y la cabeza es muy chata”.

Entonces el “investigador” podría verdaderamente exprimirse el cerebro con intensidad para preguntar: “Y, ¿cómo las habrán pintado o cómo surgieron?”

Si el experto en hormigón es una persona seria, no va a responder que son “teleplastias del más pallá” ni “la manifestación psíquica de la dueña de la casa”, pero tampoco “con un proceso de vinagre y aceite, porque han confundido este piso con una ensaladera” (a menos que estuviera 100% seguro, claro). Lo más que puede decir es que “parece” tal o cual cosa que él haya podido ver en años de analizar placas de hormigón, y que eso se puede ver haciendo una prueba.

Se enterará entonces el “investigador” (y se quedará con la bocota abierta) al descubrir que en el mundo de la ciencia y la tecnología hay cosas tan asombrosas como que el ingeniero Roberto Juan Torrent ya se inventó un equipo no destructivo para determinar la permeabilidad del hormigón que vendría de perlas para esto. Se podría usar, por ejemplo. Y también se podría ir al laboratorio.

Llegados a este punto, lo que no se hace es llegar a un laboratorio con unos trocitos de hormigón salidos de quién sabe dónde metidos en un sobre de azúcar de una cafetería cercana para que “lo analicen” así nomás (que es lo que hicieron una vez algunos investigatitos, y a lo que le han sacado una rentabilidad enorme inependientemente de lo nada confiable que fue la obtención de muestras). Las muestras no confiables dan resultados no confiables. Y si se exige seriedad, responsabilidad y tratamiento adecuado de las muestras a los más destacados científicos del planeta, no es mucho pedirle lo mismo a gente que ha mentido de un hilo desde que asomó las narices en los medios.

O sea, cuando se extrae algo para estudiarlo después en un laboratorio se hacen varias cosas: se identifican una zona en la que esté presente la alteración que nos interesa y otra zona en la que no esté presente dicha alteración (esta cosa rarísima se llama “control”, palabra que no está en el diccionario de los investigañanes belmecianos). Se registra fotográficamente el sitio, se miden sus características físicas en lo posible (con aparatos de verdad), y se hace una toma de la primera muestra señalando de dónde se tomó y colocándola en un recipiente debidamente aislado y limpio, y se identifica de manera que no diga que es la zona alterada (esto es para hacer una prueba ciega, otro concepto alejadísimo del mundo de los falsos investigadores), digamos como “Y”. Se hace lo mismo con la otra muestra y se le llama, digamos, “M”. La idea es que el químico experto en hormigón (no, no vale cualquiera) al que vamos a acudir no sepa qué está buscando, para que su percepción, creencias, suposiciones o ideas no afecten el resultado del análisis.

Esto se repite tres o cuatro veces en distintos puntos del sitio y se mandan las muestras revueltas al laboratorio, preferiblemente enviándolas con alguien que no sepa cuáles son cuáles (esto se llama doble ciego, que no es lo mismo que taparse los ojos para no ver la realidad).

En ese momento, en lugar de llamar a todos los medios de comunicación (alcaldesa de por medio) para decir que uno es grande, maravilloso y superparanormal, se toma uno un café y espera los resultados.

Los resultados que se obtengan no deben tomarse como algo concluyente, sino como un buen indicio para seguir adelante con las investigaciones. Si hay algún indicio de sustancias en el hormigón común que sean distintas de las del lugar de la cara pintada, habrá que volver y hacer otro estudio de confirmación en otro laboratorio además de experimentos con las sustancias detectadas para determinar si realmente puede producir el “fenómeno”.

Lo que se haga después, vaya, depende de esos análisis. Si hay mayor o menor humedad en algunas de las muestras, si hay nitrato de plata, aceite, cloruro de plata, salsa inglesa, pintura Titanlux, sangre de jirafa o nada de nada. Es decir, donde terminaron los supuestos investigadores seipiteros es donde apenas estaría empezando a armar sus datos un investigador serio.

Dicho de otro modo. es indispensable descartar sólidamente una gran cantidad de hipótesis antes de siquiera plantearse la posibilidad de que cualquier cosa tenga un origen paranormal.

Y para hacerlo no es necesario ponerse un chaleco multibolsillos con las siglas de nuestro club de orates.

Pero los investigañanes que se han subido al barquito de este caso lamentable no se han ocupado de nada de eso. Simplemente han decretado, desde la altura subterránea de su ignorancia y su interés que esto “es paranormal” por la fuerza, y a ver cómo se les “demuestra” que no lo es.

Con esa misma tranquilidad, ahora llaman “teleplastias” a las caras que al parecer fabricaron en otra casa.

Total, es imposible contradecirlos.

Porque no hay acceso al sitio donde se producen los “fenómenos” con los que se autopromueven.

Supongamos que un investigador serio se quiere meter a las casas de las caras duras de la familia de María Gómez (la original creadora del cuento), Amorós y la alcaldesa María Rodríguez con riesgo de determinar que todo es un fraudazo. ¿Lo dejarían? Por favor, si la alcaldesa puso el grito en el cielo cuando otra “parapiscóloga” en busca de fama dijo que las caras originales estaban “desapareciendo” y se apresuró a llamar a los medios para declarar que las caras estaban sanas y que los turistas podían seguir viniendo, y se tomó la foto y el vídeo acuclillada junto a una cara dura… ¿qué tal le caería que se aparecieran un físico, un ingeniero y un químico, a más de un mago experto en engañifas, con objeto de investigar las caras duras en serio?

Es la misma alcaldesa que, en conciliábulo con los seipititos anunció el 7 de febrero de este año que quería hacer “un museo” sobre las caras duras de Bélmez. Se juega bastante en esto la alcaldesa, como por ejemplo quedar como una ingenua en el mejor de los casos.

Las posibilidades de que haya una investigación real que determine cómo se han hecho las caras (y al parecer el sistema ha cambiado con el tiempo, hablamos de 23 años de poder experimentar cositas con el hormigón) es nula, inexistente y hasta inimaginable, a menos que los medios presionaran al respecto.

Pero los medios parecen muy contentos con el desaseo y la falta de ética que han usado en este caso desde que nació. Por eso, muy probablemente, ni Antena 3 ni Telecinco ni RTVE ni Europa Press han respondido a las cartas enviadas sobre sus notas sobre Bélmez II para preguntarles por qué no daban la información completa y sólo privilegiaban los rebuznos de una sola persona cuya credibilidad está ligeramente por debajo de la de George Bush. No sólo las cartas enviadas por este servidor, sino otras muchas de las que me han enterado los lectores de este blog.

Es evidente que los que hoy maman de la ubre de las caras duras, investigángsters, alcaldesa y medios, no tienen ningún interés en que el asunto se aclare (por lo mismo nunca se mencionan las refutaciones que ya se han hecho demostrando cómo se hicieron al menos algunas caras duras).

Y entonces habrá que soportar a las cabecitas parlantes de la televisión croando que “los científicos no encuentran una explicación racional a las caras duras de Bélmez” cuando a quien citan como “científico” es a otro cara dura vestido de Panama Jack, que no sabe qué es una “investigación” y que ha mentido tanto que ya no se acuerda de cómo decir la verdad.

Fosfenismo: la patraña de las lucecitas

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¿Recuerda aquéllos tiempos en que el agua venía en grifo y el precio era de 30 pesetas o de 40 céntimos de euro o de dos pesos mexicanos? Pues llega un equipo de expertos en mercadotecnia o márketing, convierte ese metro cúbico en tres mil porciones de 333 centímetros cúbicos, los envasa y se los enchufa a usted al módico precio de 30 céntimos de euro, para un precio total de apenas 100 euros el metro cúbico (una ligera ganancia de 99 euros con 60 céntimos).

O bien, ¿ha comprado un kilo de papas o patatas? Sale como a cincuenta céntimos de euro. Pero si alguien rebana las papas o patatas, las fríe, las sala y las envasa, le deja caer un euro por cada bolsita de 160 gramos, más o menos siete euros el kilo de patatas.

Pues así funcionan muchas tomaduras de pelo del mundo “alternativo”. Los “aromaterapeutas” le venden olores a precio de perfume francés anunciado por luminaria. Los “homeópatas” le venden pildoritas de alcohol y azúcar a precio de medicamento barato. Las “tiendas naturales” le venden cualquier cosa al doble de precio que el supermercado. Pero ningún mejor ejemplo que el “fosfenismo”, que le vende la luz de una lamparita en un montón de billetes.

El “fosfenismo” es producto de la mente de un tal Francis Lefebure, una teoría que no se sabe si es resultado de algún experimento con sustancias sicotrópicas que salió terriblemente mal o simplemente de una desvergüenza del tamaño del Coliseo Romano.

La “teoría” (es decir, la invención) parte de que si uno mira una luz fuerte durante un tiempo prolongado, cuando se aparta de la fuente luminosa se queda viendo manchitas de colores durante un rato. Esas manchitas de colores se llaman fosfenos. Otra forma de provocárselos uno es tallándose los ojos cerrados. Las células de la retina (conos y bastones) reaccionan ante cualquier estímulo y éste se interpreta como luz aunque no lo sea. La presión sobre los ojos provoca estímulos que el cerebro toma como luz.

Bueno, pues luego de ver una luz fuerte, las células de la retina, sobreestimuladas (porque la evolución no las preparó para la tontería de ver fijamente una fuente de luz fuerte) siguen enviando señales que nuestro cerebro interpreta como luz. Y, de nuevo, tales sensaciones visuales se llaman “fosfenos”.

Las sensaciones posteriores a la sobreestimulación son más comunes que las mentiras de los paranormalólogos. Si alguien nos suelta un bofetón de ésos que hacen historia, el dolor continúa un buen rato después del instante en que la mano chocó contra nuestra mejilla. Si escuchamos sin protección un motor de Fórmula Uno o un concierto de Deep Purple, sentiremos que los oídos nos silban durante un buen rato. Ningún misterio allí, es parte de los límites de nuestros sentidos y nuestro sistema nervioso.

Pero el invento frenético de Francis Lefebure fue que esos fosfenos “convierten la energía luminosa en energía mental” cuando se realiza la asombrosa “mezcla fosfénica”. En sus propias palabras: “La Mezcla Fosfénica consiste en mezclar un pensamiento con el fosfeno, es decir, en pensar durante la presencia del fosfeno”. Se supone que así se piensa mejor.

¿Eh?

No, en serio, ¿cómo lo sabe?

Él dice que lo descubrió cuando era pequeño y así pasó de ser un estudiante malo a ser sensacional: “me convertí súbitamente en un buen alumno y de forma tan sorprendente que mis compañeros me llevaron a hombros por el patio”, escribe desfachatadamente el sujeto, esperando que olvidemos que los compañeros no suelen llevar a hombros por el patio escolar al más listo del curso como no sea con objeto de arrojarlo a un charco de lodo, darle una paliza colectiva lejos de los ojos de los profes, quitarle los pantalones, emplumarlo o todas las anteriores.

O sea, Francis, como dijo Heidegger, no seas payaso.

Con base en esa anécdota, que por supuesto no demuestra que ver tontamente una lucecita aumente la “energía mental”, Lefebure inventó su negocio personal llamado, claro, el “fosfenismo” (marca registrada) de Francis Lefebure (marca registrada también).

Vale, pero más allá de la chacota, ¿el doctor Lefebure (porque era médico, lo cual no es garantía de nada, como lo demostró ampliamente Joseph Mengele) probó que al realizar la boba práctica de mirar una luz fuerte para provocar la aparición de fosfenos aumenta la inteligencia, la concentración, la iniciación, la telepatía y las demás locuras que afirma?

Pues no.

Y es que la demostración debería pasar por varias etapas que no le interesaban al doc: a) demostrar que existe una “energía mental” medible y caracterizable claramente, b) demostrar que los fosfenos son una “energía lumínica” distinta de la energía electroquímica con la que todas las células sensoriales se comunican con el sistema nervioso, c) demostrar que los conos y bastones de la retina realizan una labor de modulación de la frecuencia, amplitud o intensidad a esa “energía” para convertirla en “otra energía”, d) demostrar que esa “energía” modificada se puede transmitir sin deformarse hasta el cerebro (en particular a la zona 13 donde se reciben e interpretan los impulsos visuales, ubicada en la parte más trasera del cráneo), e) que el cerebro efectivamente emplea esa energía en cosas buenas y sanas como estudiar mejor y ser más espiritual en lugar de usarla, digamos, para mejorar la fantasía o aumentar el deseo sexual.

Y tendría que demostrar que todo eso es cualitativamente distinto del silbido en los oídos después de hora y media de heavy metal sin anestesia o de la sensación de ardor que nos queda después del bofetón arriba mencionados.

(Eso o inventar el “silbidoenlaorejanismo” y vender discos de AC-DC a sesenta euros para crear el “silbidoenlaoreja” que también sirve para platicar con Buda… o quizá no debemos decir esto y darle más ideas a los borricos con iniciativa.)

Pero al doctor Lefebure le importaba un carajo partido por la mitad desentrañar esa cadena causal para demostrar su descabellada teoría. Y a sus herederos también. Lo que al doc y a sus legatarios realmente les estimula la entrepierna es vender cosas, como se ve en el sitio Web de los actuales dueños de este cuento.

Venderle a sus víctimas, por ejemplo, el “Equipo Mental Fitness” que incluye la fantástica “Phosphenic pocket lamp avec filtre de tamisation” (mezcla inmunda de inglés y francés que se traduce como “linterna de bolsillo fosfénica con filtro de tamización”, lo que no significa nada) junto con su libro ABC de la mezcla fosfénica y, por supuesto, el “CD audio con ejercicios prácticos” (ahora a todos los embaucadores les da por sentirse Britney Spears), todo por la módica cantidad de 94 euros. Redondo negocio por una linterna que no cuesta más de 3 euros, un libraco que puede costar 5 y un CD de un par de euros a lo mucho.

Pero claro que el negocio no se detiene allí. El “Equipo fosfenotraining” le da 1 bombilla de 75 watios, 1 bombilla “bleue spéciale”, tipo: “Luz natural”, 1 mando a distancia para la lámpara y 1 venda ocular con ¡elástico! todo por meramente 200 euros.

Pero si quiere realmente trascender su estado y lograr la iniciación, necesita además la “Maleta Especiale Alternofonía” para practicar otro sensacional descubrimiento de Lefebure, que escuchar un ruido alternadamente en una oreja y luego en la otra es igualito que el arrullo a un bebé y sirve para “Preparación de exámenes, mejoría de la memoria. Enriquecimiento del tema de meditación. Permite practicar todos los ejercicios de pensamiento rítmico con una eficacia máxima, gracias al aporte de una energía suplementaria a la masa cerebral que facilita las conexiones neurológicas”. Con tal masa de beneficios, pagar por un aparatito, audífonos, libro y CD (¡claro!) sólo 840 euros es una bicoca, realmente.

Ahora, que si le da por ser verdaderamente un iniciado, necesita el “Giroscopio o la máquina de subir Kundalini”, que es un mugriento giroscopio con algunos accesorios que no cuestan juntos ni cinco euros, el infaltable CD “de entreno a la meditación giroscópica” y un libro de ejercicios, todo en su cajita feliz por sólo 940 euros.

Por supuesto que ningún producto sustituye a otro, de modo que para ser un fosfenizado completo debe usted azotar con 2,074 euros, que es más o menos el precio de la iniciación mística (la continuación mística ya requiere más billetes y, claro, trasladarse a París a la escuelucha correspondiente).

Ni me voy a meter con los otros muchísimos delirios de Francis Lefebure, que van desde la curación por imposición de manos hasta en “neumofeno” o técnicas de respiración refriteando las supersticiones orientales, por no mencionar sus escritos iniciales zoroástricos, sus delirios sobre despertar el kundalini, el fosfenismo como explicación de todas las religiones, de la videncia y de las manifestaciones sobrenaturales, la “magia cristiana” y todos los demás delirios que ponen en duda la cordura del médico en cuestión. Simplemente me sentí obligado a hacer esta entrada porque una vez se me ocurrió mencionar en una entrada al tal “fosfenismo” y la cantidad de personas que han llegado a este blog buscando “fosfenismo” es abrumadora.

Así que ya sabe, si quiere pagar cara el agua, las patatas, la luz, los olores, el azúcar, los ruiditos y el aire que respira, puede elegir entre un mercadotécnico sin ética y un charlatán sin vergüenza.

Que para el caso son lo mismo.

Posted by bestiario50 in 06:47:55 | Permalink | No Comments »

En justicia a Juan Sardá

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En un lapso de poco más de dos horas recibimos dos caras de la moneda en la forma de comentarios a algunos de nuestros posts.

Por un lado, tres anónimos insultándonos sin gracia alguna (joder, es que hasta para insultar hace falta algo de chispa), provenientes de alguien que sabemos que es joven, español, inculto, casi ágrafo y estrechamente relacionado con “el” SEIP. Ya sabremos más (no, Internet no es tan “anónimo” como muchos creen).

Por el otro lado, un mensaje verdaderamente admirable de Juan Sardá Froutchmann, periodista al que criticamos vitriólicamente (como es el estilo de cocina de la casa) por una pieza publicada en el suplemento “La luna de metrópoli” del diario El Mundo.

La entrada, reescrita por necesidad moral mía está aquí, junto con el mensaje de Juan Sardá y mi primera respuesta a él.

Es evidente que, ante los embates de mi virulenta crítica, Juan Sardá podía haber enviado una respuesta insultante, afirmándose como un periodista perfecto y merecedor del Pulitzer, y mandándome lo más lejos posible.

A cambio de ello, decidió hacer tres cosas de manera razonable y mesurada: primero, admite el error, cosa que es de gente bien nacida y admirable en estos tiempos; segundo, me reclama mi exceso verbal en mis ataques a su profesionalismo periodístico y, tercero, no permite que esto obste para, con clara honestidad periodística, ofrecer un lugar a la visión crítica de la charlatanería en su espacio periodístico (y honestamente diciendo además, en mensajes privados, que no dejará de preguntarle su opinión a Pedro Amorós, lo cual me parece natural).

Hay muchos que me han querido tapar la boca (Santi Molezún con sus amenazas e insultos, Manuel Capella con sus arrumacos devenidos en ofensas impotentes, Amorós Sogorb con sus amenazas, los anonimitos con sus derrames biliares, la Bruja Paca con su triple maldición karmática, algún hipnólogo levantándome la mano en televisión nacional en México, un neofascista acusándome de infundio también en televisión y un montón más) y han descubierto que los tiros les salen por la culata con inusitada potencia. Tanta que, por ejemplo, ni siquiera yo hubiera creído que tantas cosas que afirmaba Pedro Amorós fueran completamente falsas, incluidas algunas que no he publicado porque se me han dado a conocer bajo la reserva y confidencialidad correspondientes. Pero investigando acicateado por su amenaza acabé encontrando una pila de embustes del tamaño de la pirámide de Keops.

En cambio, Juan Sardá sí me ha tapado la boca. Contundentemente.

Si él se equivocó al darle credibilidad a Pedro Amorós sin contrastar sus afirmaciones, y así lo admite, su reacción demuestra sin lugar a dudas que yo me equivoqué totalmente al poner en duda su integridad periodística. Punto. No hay más. La reacción de Juan Sardá ha sido ejemplar, sobre todo porque reconoce que el fondo de la crítica tiene solidez y porque no ha permitido que la forma lo obnubile.

Por el contrario, en un mensaje privado, que cito con su autorización, me dice que la historia de Amorós le parecía extraña, pero que también le parecía fuerte que alguien fuera capaz de inventarse cosas semejantes.

Dicho en buen romance, lo que yo interpreté como complicidad o desaseo periodístico fue, simplemente, la reacción natural ante tales embustes. Periodistas como Juan Sardá, y muchísimas personas inquietas, no pueden concebir los niveles de desfachatez que acostumbran los paranormalólogos. Esa incapacidad de la gente normal para imaginarse tal descaro es gran parte de la fuerza que tienen los más diversos gaznápiros para escupir cualquier fantasía sin pestañear.

En realidad, esa hipótesis no la tuve en consideración a la hora de desenfundar. Y desenfundé. Y metí la pata, sin más.

Que Juan Sardá se haya cabreado lo entiendo, le di durísimo. Que eso no haya limitado su visión lo encuentro altamente respetable. Que me obligue con esto a reconocer mi error en las apreciaciones que hice sobre su profesionalismo lo agradezco.

Aquí los únicos que no se equivocan son los paranormalólogos.

Desde aquí, mano tendida y el reconocimiento del error.

Los investigañanes

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Ante la crítica a la inmensa cantidad de burradas que escriben en sus libros, que sueltan por los medios electrónicos o que administran a los incautos que pagan por asistir a sus conferencias, numerosos personajes del mundo de lo para anormal se defienden diciendo que ellos “sí investigan” mientras que sus críticos no.

Juan José Benítez y su vástago, que heredará el imperio de fábulas desfachatadas de Juanjo, suelen acudir a esto: Juanjo viaja mucho, “investiga”, su próximo viaje le va a costar doscientos mil dólares, como si eso probara que no miente.

Lo que no dicen es que a) a Juanjo le encanta viajar y más si le pagan el viaje, b) las “investigaciones” son una tomadura de pelo que se agotan en filmar cobrando y en pasarla bien con sus amiguetes ovnílogos echando unas copichuelas y c) por cada doscientos mil dólares que se “gasta” en investigaciones, Juanitojosesito se levanta como mínimo un milloncete de dólares. Y lo de “gasta” va entre comillas porque este sucedáneo de Rambo no pone ni un céntimo, sino que son las editoriales las que financian los paseos en los que Juanjo departe con sus amigotes, come en los mejores restaurantes, bebe caldos de crianza intachable, suelta alguna conferencilla, se presenta en alguna televisora y luego desata la imaginación para contar otro cuento con el que tintinea alegre la registradora de la editorial y consecuentemente engorda lo suyo la alcancía, hucha o cochinito del propio JJ.

En México, otro reciente simulador, secuaz de Jaime Maussán, es Danielito Muñoz, supuesto “investigador ovni” al que, según me informan, se le ponen los pelos de punta cuando le mencionan mi nombre o el de Héctor Chavarría, al grado que estuvo a punto de propinarle un bofetón a un chavalillo harto despistado que no sólo pagó por escuchar los sonoros rebuznos de Danielín, sino que al final fue a preguntarle cosas y a decir que me conoce (de hecho, el chamaquillo exageró diciendo que es “mi amigo”, cosa que tampoco se justifica), lo cual sacó totalmente de sus casillas a distinguido raquítico mental, quien sacó nuevamente la estupidez de que “él sí investiga”.

Estos neurolitos que se anuncian como “investigadores”, suelen organizar sociedades, asociaciones, puticlubes o bandas cuestionables en las que suele figurar la palabra “investigación” de manera ostentosa.

Así tenemos:

  • “el” “Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas”, cuyo capo es el probado mentiroso (y lo que falta) Pedro Amorós Sogorb
  • la “Organización Mundial (y ¿por qué no Universal?, digo) de Investigación Paranormal” del atrabiliario y violento Carlos Trejo (en realidad cinco empleaditos de este caradura en un barrio de la Ciudad de México, cuyas hazañas reseña puntualmente Tumbaburros, página que incluso ha creado la lista de correos Carlos Trejo y el fraude jocoso “un foro destinado a denunciar los fraudes de Carlos Trejo por medio de los testimonios de quienes participamos”)
  • la “Corporación de Investigación de Fenómenos Aéreos”, feudo de un ovnílatra argentino, Alex Ossandón Núñez, quien es también “sanador” y lo que se ofrezca, además de único miembro conocido de esta pandilla
  • el “Grupo Zetta de Investigación Paranormal” (y de apaleo del idioma), que capitanea Carlos E. Pacheco S. (también socio único conocido de tal manada)
  • el “Colegio Nacional de Investigación Paranormal y Ovni”, Conaipo, de México
  • la “Agrupación de Investigaciones Ovnilógicas de Chile” barco pirata capitaneado por Rodrigo Fuenzalida H. y sin tripulación conocida
  • la “Asociación Cordobesa de Investigación Parapsicológica”, que cuenta el cuento de que es una organización de carácter “cultural y científico” y miente diciendo que eestá formada por “investigadores”, cuando la mayoría de sus miembros confesos son igualmente activistas de la troupé de payasos del circo llamado RHOI
  • el “Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos”, donde el jefe de la banda es Ramón Navia-Osorio, especialista en chupacabronología (estudio de la fantasía del “chupacabras”)
  • etc…

La palabrita, pues, les encanta.

La pregunta es si saben lo que es “investigar”.

Una pista para los despistados: darle vueltas a un círculo en un campo de trigo con dos varitas de zahorí, grabar por millonésima vez los ruidos de la misma frecuencia de radio tratando de escuchar vocecitas, hacer entrevistas a personas que quieren ser famosas, tomarse fotos ante las pirámides de Egipto, tomarle fotos malas a una casa embrujada, escribir rollos chupapitescos refriteando lo que ya escribieron otros, inventar nombres rimbombantes (como “teleplastia”) para lo que su limitada dotación neuronal no alcanza a colegir o inventarse teorías sacadas de la manga o de alguna dosis generosa de un potente psicodisléptico no es investigar.

La investigación es una disciplina humana demasiado respetable como para permitir que la aborden violenta y bufonescamente personas de una probada incapacidad, de una ignorancia monumental y de un interés cuando menos sospechoso por hacerse de seguidores y vender productos variaditos.

La investigación es una forma organizada y sistemática de encontrar respuestas a las preguntas. Generalmente sigue el método científico de cuatro pasos: Caracterización (observación y descripción de un fenómeno físico y objetivamente medido), Hipótesis (propuesta de una posible explicación de lo caracterizado), Predicción (deducción lógica derivada de la hipótesis) y Experimento (prueba de todas las anteriores).

La investigación parte del honrado “no sé” para buscar el conocimiento, no parte de un “yo sé” para luego tratar de sustentar interesada y convenencieramente el prejuicio, escondiendo bajo la alfombra los datos que no nos vienen a modo.

Nada de esto lo hacen los supuestos investigadores síquico-paranormalológico-parapsicológico-ovnilógico-rascasobaqueros.

La investigación no es un hecho aislado, sino que es parte de un esfuerzo común a toda la humanidad, mediante el cual los conocimientos certeros que tenemos sobre el universo que nos rodea se van afinando, mejorando, perfeccionando y ampliando, formando un entramado de explicaciones útiles que asombraría al boberío paranormaloide si pudieran entenderlo. Todo sustenta a todo, es una estructura intelectual magnífica y en constante evolución.

La física, la química, la biología, la fisiología celular, la genética, la paleontología, la cosmología, las neurociencias, la geología y otras disciplinas no son entes independientes que flotan en un marasmo de misterio, sino que todas se engarzan maravillosamente, se sustentan mutuamente, se unen como piezas de un modelo para armar de la realidad que va dándonos una imagen cada vez mejor de todo, y donde las aparentes incongruencias o disonancias generan más y mejor investigación, y siempre esta investigación ha dado como resultado un fortalecimiento de nuestra estructura del conocimiento certero o científico.

Ante el maravilloso espectáculo del cerebro humano comprendiendo su mundo e incluso a sí mismo, las poco numerosas pero altamente escandalosas hordas de saraguatos paranormalológicos lo único que aportan es una burda pieza de rompecabezas inventada por ellos, que no describe pero mucho menos explica parte alguna de la realidad, y tratarla de encajar a huevo en la estructura del conocimiento. Cuando ven que a) su malhechota pieza no cabe en ningún lado, b) la gente pensante los toma a chacota y c) su engendrillo no funciona en lo más mínimo, avergonzándose ante otras piezas del rompecabezas que funcionan divinamente (los enlaces químicos, las leyes de la termodinámica, los antibióticos, la neurotransmisión, la herencia genética), reaccionan de tres formas que los ponen en su justa dimensión:

Primero Se encabronan y declaran a cualquier ingenuo que los quiera oír que ese maravilloso edificio producto de miles de años de ciencia y conocimiento certero no sirve para nada. Mientras miran al mundo detrás de sus gafas (graduadas correctamente gracias al conocimiento de la refracción de la luz y de la anatomofisiología del ojo humano), yendo en sus cochecitos (que funcionan gracias a las leyes físicoquímicas que abominan) a estaciones de radio y televisión (maravillas de la electrónica de la que estos aprovechados lo ignoran todo), vestidos con fibras artificiales, vacunados, probablemente conectados a Internet, dicen que la ciencia es inútil, vana y mentirosa.

Segundo Aseguran que los hombres y mujeres que hacen avanzar el conocimiento día tras día, investigando de verdad, son en realidad malvados y crueles conspiradores oscuros porque no los dejan entrar a su club. El soplapitos paranormalólogo considera que su sola existencia, su inquietud (muy legítima a veces, pero siempre mal encaminada), su asombrosa empanada mental, su desorganización conceptual, su falta de sistema, su imbatible ego y, por sobre todo, su egregia ignorancia que confunden con “conocimiento alternativo”, le merece Premios Nobel, lugares en las academias de ciencias y el respeto que no se sabe ganar como la gente normal.

Y tercero Sufren la peligrosa alucinación de que son como los científicos a los que perseguía la iglesia (complejo de Galileo). Pero Galileo se enfrentaba con datos reales a las creencias salvajes de la iglesia. Los científicos o precientíficos de la época apoyaban a Galileo, mientras que los archiensotanados de la creencia irracional se rehusaban a ver por el telescopio (pregunta rápida: ¿cuántos ovnilocos cree usted que hayan puesto el ojo en el ocular de un telescopio?). Los soplapitos son una creencia fanática, enemigos, como los ensotanados del renacimeinto, de la ciencia, y como buenos inquisidores quieren ejecutar en el patíbulo a la ciencia, quemar en leña verde a los científicos (Galileo incluido, ya que su teoría hizo pedazos las alucinaciones astrológicas) y matar cualquier asomo de pensamiento crítico en la mente de sus seguidores, con el único objeto de sentirse justificados en sus delirios y considerarse menos estrafalarios, y gritan a los cuatro vientos que son “investigadores”, cuando no hacen sino repetir como robots industriales el programita que algún vivillo les enseñó (la millonésima prueba con cartas Zener que no demuestra nada, la enésima foto Kirlian que sigue fotografiando la descarga eléctrica que se usa para tomarla, la duomilésima grabación de ruido en el que juran que se ocultan las voces del “más pallá”, la chorrocentésima “regresión hipnótica” que no demuestra nada más que la fantasía conjunta del hipnotizador y su víctima, etc., etc.).

Un ejemplo de lo mal que se lleva el abordaje pirata de los monederos ajemos con la investigación nos lo da el origen de todos estos grupos, la Society for Psychical Research (SPR, Sociedad para la investigación psíquica), fundada en Inglaterra en 1882 con objeto de realizar una investigación científica sobre el espiritismo. Seis áreas les interesaban a los científicos serios que fundaron tal institución conjuntamente con algunos espiritistas y fingidores: la telepatía, el “mesmerismo” (hoy hipnosis), los médiums, las apariciones, los fenómenos físicos asociados con las sesiones espiritistas y, finalmente, la historia de todos estos fenómenos.

El interés era ciertamente legítimo en aquél entonces. Pero pronto vinieron los problemas. Como en la SPR había gente inteligente, inquisitiva y pensante, para 1887 muchos espiritistas abandonaron el grupo, y más cuando vieron que los tales científicos no se quedaban calladitos cuando veían mentiras y engañifas, sino que las admitían con la frescura y honestidad que enseña el método científico. Precisamente el momento más alto de la SPR fue cuando desenmascararon las numerosísimas patrañas de “Madam” Helena (o Elena) Petrovna Blavatsky, que es como la madre espiritual de todo embustero paranormaloide actual.

Los tales científicos siguieron adelante, usando la observación, la inteligencia, el pensamiento crítico y buenos protocolos de investigación para enfrentar a los potentes videntes de su era. Pronto vinieron los desenmascaramientos de espiritistas falsarios a cargo de Houdini, al que la SPR de entonces no hizo menos. Conforme se veía que todo tenía el aspecto de un grosero y regordete embuste, la gente inteligente se fue saliendo de la SPR, sobre todo cuando se hizo evidente que no podían siquiera demostrar la existencia de sus objetos de estudio, cuantimenos (como dicen en mi pueblo) iban a poder describir, analizar y explicar los tales objetos de estudio. La gente seria acabó abandonando la SPR y actualmente es un cascarón inútil.

Los verdaderos investigadores investigan. La crítica a los delirios, muchas veces peligrosos, de los paranormalólogos y los enigmatistas queda principalmente en manos de los divulgadores de la ciencia. Cierto, ocasionalmente algún científico se distrae de sus ocupaciones, exasperado, para poner en su lugar al pendejerío paranormalista, pero son los menos. Y qué bueno. Es obviamente preferible que los bioquímicos se ocupen de encontrar nuevos medicamentos a que pierdan el tiempo con la magnetoterapia (salvo el tiempo justo para demostrar que no cura ni un callo), o que los arqueólogos sigan develando los misterios de nuestro pasado en vez de ocuparse de discutir con un racista ignorante como Von Däniken, o que los astrónomos sigan explicándonos el universo en lugar de tratar de meter en la cabecita de los ovnílatras y los astrólogos los conceptos más elementales del tamaño del Universo, la velocidad de la luz y otros asuntos más allá de su comprensión.

Cuando estos mareados usan la palabra “investigador” para autoaplicársela, no se están describiendo, pues, sino mostrando alegremente su intrusismo, simulación, suplantación y desfachatez.

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Ofensiva ofensiva de “el” SEIP y su capo

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Ofensiva porque ofende es la ofensiva mediática reciente, al parecer orquestada por Editorial Nowtilus, que publicó el libraco Psicofonías ¿Quién hay allí? del macho alfa de “el” SEIP, Pedro Amorós Sogorb (uso el segundo apellido para no confundir al personaje con su padre, que no tiene culpa alguna) y también el tabique llamado Las caras de la discordia, donde dos periodistas transmutados en seudoinvestigadores soplapitescos concluyen que todavía hay misterio que vender en Bélmez, por lo cual proceden a venderlo, qué carambas.

La editorial tiene que vender libros, nada hay de criticable en eso ni se propone censurar tales mamarrachadas con CD incluido, les asiste el derecho a mentir. Pero los medios de comunicación no tienen por qué ser vehículo de anuncios publicitarios disfrazados de información, y eso sí es criticable, porque no les asiste el derecho a ser tendenciosos.

Además de la obsequiosa (por no decir rastrera) nota de Juan Sardá Froutchmann sobre Amorós Sogorb en un suplemento de El Mundo (de la que ya dimos razón aquí), Lola Cárdenas, autora del blog “Uno por uno, uno; uno por uno, dos; uno por uno…” informa en su más reciente post de que la campaña comercial llegó a La voz de Galicia.

Y, por si fuera poco, Radio Nacional de España, desentendiéndose de las más elementales normas de seriedad y ética periodística, dio el pasado domingo sus micrófonos en exclusiva a Pedro Amorós Sogorb para que soltara sus acostumbradas fábulas en las que se imagina un injerto de Indiana Jones y Marie Curie, como a nuestra vez nos informó un lector solicitando confidencialidad porque al parecer ya le conoce el estilito a Pedrín. Nadie en RNE, ningún otro invitado, ningún contertulio, puso ni siquiera en duda las afirmaciones de Amorós Sogorb. Vaya usted a saber por qué.

Yo, atendiendo a mi propia sugerencia (hay que ver qué comedido soy) y también a la que nos hizo Ricardo Campo Pérez en su blog “Mihterioh de la siensia”, mandamos una atenta cartita a RNE, misma que hasta el momento no ha ameritado respuesta, vaya usted a saber por qué.

El caso es que para dejar constancia del constante embate de un fulanillo decidido a hacerse famoso luego de hacerse tonto durante años con una grabadora, publicamos la cartita que está ignorando RNE, vaya usted a saber por qué.

Por supuesto, usted puede copiar la cartita en cuestión, adobarla con sus puntos de vista, cambiarla por completo, tirarla a la basura y escribir la suya propia, firmarla con su nombre y DNI, y disparársela a Radio Nacional de España a ver si tiene mejor suerte, vaya usted a saber por qué.

atencionaloyente@rtve.es
Promoción al pensamiento irracional

Estimados señores,

Con sorpresa me entero de que el día de hoy, 11 de octubre, en el programa “Buenos Días”, que conduce Julio César Iglesias en Radio 1, se ha presentado un reportaje sobre una organización llamada “el Seip” y sobre quien la encabeza, el señor Pedro Amorós Sogorb.

En la emisión se entrevistó a Pedro Amorós para que éste relatara de manera interesada las falsedades que acostumbra. Esto en sí no sería criticable a no ser por dos elementos: a) porque no se realizó una investigación real sobre el entrevistado y su credibilidad, y b) porque no se dio tiempo equivalente a quienes critican, con las armas de la razón, las afirmaciones extravagantes y descabelladas de Pedro Amorós.

De haberse hecho la investigación correspondiente, cualquier periodista podría haber averiguado fácilmente lo siguiente:

1. Pedro Amorós Sogorb se ha ostentado como “ingeniero informático” aunque no lo es, e incluso después de que confesara la mentira al diario “El Mundo” edición de Alicante.

2. Este personaje se ha ostentado como miembro del SETI Institute que cree que es “de la NASA”, cuando el propio SETI Institute (que no es de la NASA) se ha deslindado abierta y contundentemente de este individuo.

3. Igualmente, el presidente de “el” SEIP se ostenta como asesor de la CNN y la BBC, organizaciones noticiosas que no sólo se han deslindado de él, sino que la CNN ha emprendido una pesquisa sobre el caso por medio de su departamento legal.

4. “El” SEIP y su presidente ofrecen costosos títulos inútiles de “licenciatura” y “master” en parapsicología que ocasionaron la intervención de las autoridades competentes, de modo que se vio obligado a reconocer que tales “estudios” no tienen validez alguna.

5. Tanto la organización como su dirigente realizan afirmaciones demostrablemente falsas sobre distintas áreas científico-técnicas, especialmente con objeto de aumentar las ventas de sus productos (libros, CD-ROMs, cursos, inscripciones a su organización).

6. Amorós Sogorb se ha ostentado como asesor de la serie “X-Files”, lo cual fue negado por la productora en su momento a los periodistas de “El Mundo”.

7. Pedro Amorós Sogorb ha empleado la amenaza de acciones penales (que nunca ha emprendido) en un esfuerzo por acallar a sus críticos.

En el tema concreto que ocupó al programa, el de las “caras de Bélmez”, existen numerosos y bien fundamentados estudios que detallan las formas que dicho embuste asumió a lo largo de los años, y que merecerían ser tenidas en cuenta cuando se menciona el caso, en lugar de dar total y acrítica credibilidad a las afirmaciones de alguien que tiene un especial interés personal en convencer a la gente de que se trata de un “fenómeno misterioso”.

La documentación sobre las mentiras de Amorós Sogorb está fácilmente accesible en Internet, en sitios como: http://www.elistas.net/lista/el_esceptico/archivo/indice/121/msg/150/ y en mi propio blog, http://www.noccom.com/erdlc/Lista.htm#05 (con los correos electrónicos del SETI Institute, la BBC y la CNN dirigidos a mí en los que se deslindan de este personaje)

Las críticas a la “explicación” fantasmagórica de las “caras de Bélmez” están también accesibles en:
http://www.arp-sapc.org/articulos/belmez.html
http://magonia.blogspot.com/2004_02_04_magonia_archive.html
http://digital.el-esceptico.org/leer.php?id=1792&autor=651&tema=31
http://magonia.blogspot.com/2004_03_16_magonia_archive.html

Es evidente que al ocultar la verdad sobre el muy cuestionable desempeño de este personaje, así como al presentar acríticamente afirmaciones sobre magia, fenómenos de ultratumba y asuntos paranormales, Radio Nacional de España va a contracorriente de la obligación que tiene el estado de promover la cultura, la ciencia y el pensamiento crítico, sustituyendo estos pilares de la educación por la charlatanería interesada más grosera y basta. Más serio, si cabe, sería que esta promoción se debiera a los esfuerzos de la editorial que publica los libros de Amorós Sogorb y que el interés comercial se ponga así por encima de la obligación de veracidad que impone la tarea periodística.

Considero que en este caso se emplean los recursos públicos para minar el trabajo educativo, lo que amerita una enérgica protesta, que por la presente expreso, y una atenta pero firme solicitud de que se ofrezca una explicación no sólo a quien esto escribe, sino a los oyentes del programa y a los que se les ofrece como verdad indiscutible una serie de afirmaciones que, sin embargo, han sido desmentidas por la verdadera investigación y el pensamiento crítico y abierto.

Quedo a la espera de tal explicación.

Atentamente,
Mauricio-José Schwarz

Sentado y fumando espero (tabaco, por supuesto, si fumara otra cosa vería “teleplastias”, escucharía “psicofonías” y me reuniría con otros macacos en alguna sociedad de “investigación” soplapitera) aunque no creo que respondan, vaya usted a saber por qué.

Veinte mil

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Pasaron 231 días desde el primer post hasta poder presumir de diez mil visitantes y sólo 53 días más para juntar otros diez mil.

Gracias a los sitios y blogs que han incluido enlaces acá.

Esperamos que esta noticia le caiga como una patada al hígado a los fenicios de la ignorancia ajena y que les agrade a los amigos del pensamiento libre.

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El test Soplapitos

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Ante la confusión de algunas personas respecto a la clase de individuo que se convierte en “investigador parapsicológico” y aprovechando que tenemos un rato libre, hemos diseñado una prueba única en su género a la que llamamos el test para la detección “Supraholística Ocultista Parapsicológica Lemúrica Alternativa Paranormal de Investigadores Transenigmatológicos Ouíjicos Supraperceptuales” (o, para abreviar, “Soplapitos”).

Mediante el sencillo y contundente test “Soplapitos”, usted puede determinar, en la privacidad de su propio hogar y sin costo alguno, si hay o no un escaño con su nombre en el Olimpo de los “Grandes Investigadores” como Bruno Cardeñosa, Jeta Jota Benítez, Íker Jiménez, Daniel Muñoz, Jaime Maussán, Carlos Trejo, Fernando Jiménez del Oso, Manuel Carballal y ejemplares de igual plumaje.

Este test lo inspiró el ya moribundo sitio Web del ya fallecido “Mundo misterioso”, programa de radio que presentaba Cardeñosa y dirigía Carballal. Dado que Carballal es el fundador en España del “Movimiento de Falsos Escépticos y Soterrados Engañabobos” (MOFESE) que capitanea Carlos Trejo en México (movimiento del que hablaremos en otra ocasión), resulta especialmente cómico ver en su galería de imágenes las fotos más desprestigiadas (algunas, es cierto, señalando que hay quien las considera fraudes): la “foto del dentista” del inexistente monstruo del lago Ness, una extrusión ectoplásmica de la famosa embaucadora espiritista Eva C., lo que llaman una “extraña ‘nube’” que no es sino una nube lenticular común, en fin, el mismo tipo de bobadas que en otros sitios menos pretenciosos.

¿Qué se necesita para ver una imagen y concluir que estamos ante uno de los grandes misterios de esta humanidad giratoria, como diría López Velarde, y no ante una memez o simpleza con explicación pedestre? La mezcla es fácil de distinguir pero difícil de definir. Es necesaria una cierta candorosa ingenuidad al tiempo que se dispone de una malicia desvergonzada al límite. Es imprescindible saber distinguir las mentiras, para repetirlas, y los hechos reales, para negarlos con contundencia (o, de preferencia, ignorarlos fingiendo profunda demencia y mirando para otro lado). Debe tenerse, (o saber fingir) una paranoia respetable. Debe haber el móvil de una ambición desmedida y un desprecio especial por la inteligencia, tanto propia (que a todo esto debe ser escasa) como ajena.

Todas estas variables y muchas, muchas más, han sido tomadas en cuenta para el diseño del test Soplapitos.

¿Es usted el próximo director de revista soplapitera? ¿Hay en su futuro un micrófono soplapitero en la radio nocturna a nivel nacional? ¿Está entre sus perspectivas la publicación de un libro soplapitesco?

En resumidas cuentas: ¿es usted un soplapitos?

Averíguelo ahora mismo.

1. Esta imagen muestra:

a) Una foto con una raya pintada encima
b) Una estrella fugaz
c) Una luz misteriosa
d) Un OVNI
e) Una nave interestelar captada en Gijón de la que no sabemos nada por culpa de la conspiración de los científicos

2. Esta imagen muestra:

a) Una placa o tarjeta de ordenador o computadora pintada primero de azul y luego manipulada para darle un cálido color anaranjado
b) Parte de un aparato así como de alta tecnología
c) Un dispositivo de origen misterioso que la ciencia no puede explicar
d) Una foto de la Atlántida
e) Una de las fotografías secretas de Marte que muestra una civilización avanzada y que la NASA ha mantenido oculta como parte de la conspiración de la mentira

3. Esta imagen muestra:

a) Una simpática manipulación digital de unas huellas en la arena
b) La huella de un bailarín clásico
c) Las huellas de alguien con una deformidad nunca vista
d) Las huellas del verdadero “Twofoot”
e) Las verdaderas huellas del Twofoot, que fue ocultado con el fraude del Bigfoot que hicieron los científicos como parte de su conspiración de engaños

4. Esta imagen muestra:

a) Pues no sé, parece un barquito pero está muy pequeño
b) Un nadador deforme
c) Un OFNI (Objeto Flotante no Identificado)
d) Un misterioso monstruo marino desconocido, seguramente sobreviviente de la era de los dinosaurios
e) Una nave siendo tragada por el Triángulo de las Bermudas, incidente que los gobiernos del mundo y los científicos han mantenido en secreto como parte de su tenebrosa conspiración

5. Esta imagen muestra:

a) Las interesantes capacidades del programa PhotoShop de manipulación de imágenes
b) El desayuno de los lamas tibetanos según Lobsang Rampa
c) Un misterioso legado de los Templarios
d) Un fruto recogido en el centro de uno de los círculos de Wiltshire
e) La última monstruosidad de la manipulación genética irresponsable, información que no se ha dado a conocer debido a la conspiración de los laboratorios, los científicos, los gobiernos y los escépticos

6. Esta imagen muestra:

a) Un pato
b) Una especie de ave
c) Una especie de ave desconocida para la ciencia
d) Un extraterrestre
e) Un extraterrestre que debido a las emisiones malignas de las antenas de telefonía móvil o celular mutó en ave y que se encuentra detenido en una instalación gubernamental de alto secreto con la cobertura de los científicos conspiradores

7. Esta imagen muestra:

a) Una reunión de escritores patrocinada por el Corte Inglés
b) ¿Cómo coño voy a saberlo si no se ve un carajo?
c) El mundo como lo ve Rajoy sin gafas
d) El supremo consejo de gobernantes de Lemuria
e) Una sesión secreta de los Illuminati adorando una pirámide de esmeralda en las instalaciones secretas del ejército estadounidense, con asistencia de personalidades de gran relevancia internacional, entre ellos el jefe del proyecto ultrasecreto de viajes en el tiempo (segundo de izquierda a derecha), todos parte de la conjura para mantener al público ignorante de la verdad

8. Esta imagen muestra:

a) Pues un tipo, parece un obrero de la construcción, pero la foto es de mierda
b) ¿A mi primo Esmeraldino?
c) Un sujeto haciendo algo muy extraño y sospechoso
d) Un extraterrestre
e) Uno de los “Hombres de negro” de la CIA, dando la espalda a la cámara mientras prepara su rayo invisible mortal, que se usa contra los “Grandes Investigadores” para mantener en secreto los grandes enigmas de la conjura

9. La imagen del campanario, dentro del recuadro blanco (ampliada abajo a la izquierda) muestra:

a) La foto de una profesora de danza, manipulada y colocada en el campanario nomás por joder
b) Un borrón, probablemente defecto de revelado
c) Algún fenómeno no identificado que hay que investigar
d) Un fantasma
e) El espectro de un agente de la inteligencia militar, asesinado por los conjuradores científicos por tratar de dar a conocer información clasificada sobre un proyecto ultrasecreto

10. El objeto a la izquierda del campanario, dentro del recuadro negro (ampliada arriba a la izquierda) muestra:

a) Una paloma
b) No hay modo de saberlo, es muy pequeño y borroso
c) La prima del espectro de arriba
d) Un ovni
e) Un ovni que ha secuestrado a numerosas personas en Wapakoneta, Ohio, información que ha sido suprimida por la conspiración del silencio de los científicos que nos tienen amenazados y escuchan nuestras llamadas telefónicas

11. Esta imagen muestra:

a) Una col morada a punto de convertirse en ensalada
b) Una interesante forma orgánica
c) La imagen subliminal de una orgía de ornitorrincos
d) La cara oculta de Sedna
e) Un corte transversal del cerebro de Jaime Maussán, donde ahora dice que los extraterrestres le implantaron un chip para controlar su comportamiento, información que ha dado con riesgo de su vida y bajo las amenazas de los conspiradores del silencio

Resultados

- 6 o más “e”: Soplapitos clase “A”. Hay dos posibilidades: o usted es J.J. Benítez o lo será próximamente. Le toca pagar la cena.

- 6 o más “d”: Tiene potencial, pero aún enfrenta obstáculos mentales que le impiden desarrollar todo su potencial. Mientras no trascienda su actual estado, a lo mucho que puede aspirar es a ser redactor en el programa de Javier Sierra.

- 6 o más “c”: Cuando más, usted puede ser un creyente apasionado. Le deseamos que tenga una cuenta bancaria gorda y no gravada por muchas deudas, porque le sacarán una tajada bastante sustanciosa de ella en los próximos años.

- 6 o más “b”: Usted tiene los pies bastante bien puestos en la realidad, su futuro en el mundo de la investigación parapsicológica es como el futuro que tiene Leonardo Di Caprio en la astrofísica.

- 6 o más “a”: Usted es el autor de este artículo y de las fotos, no finja.

Y, para terminar

Las fotos en cuestión son de mi propiedad y autoría, y tanto los originales como las manipulaciones están debidamente registrados como tales ante las autoridades españolas y estadounidenses. Como es de preverse que no faltará el cabecita hueca que crea que alguna es “real” y se la fusile para el “sitio de investigación paranormal” que va a poner con dos amiguetes de poco seso, advierto que mi abogada tiene muy mala leche.

Ahora, si alguien quiere reproducir el artículo íntegro, fotos incluidas, citando la fuente y al autor, sin modificar nada, tiene mi plena autorización.

Duerman bien.

Pedro Amorós: un friki en El Mundo

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(NOTA añadida el 17 de octubre: Las consecuencias de esta entrada, que dignifican a Juan Sardá y dejan claro que mis apreciaciones fueron totalmente erróneas pueden verse en esta nueva entrada, “En justicia a Juan Sardá” que cualquiera que lea ésta debe también conocer.)

(NOTA inmediatamente después: En buena conciencia no puedo dejar esta entrada como se escribió originalmente, de modo que la he reescrito para dejar lo esencial y retirar lo dicho equivocadamente sobre Sardá. Tal cosa no debe quedarse aquí, aunque reconozco abiertamente que en la versión original ataqué virulentamente a Juan Sardá acusándolo de falta de profesionalismo, de lo cual me retracto, pero no escondo la mano por las pedradas, que reconozco. Noblesse oblige.)

Versión nueva al 17 de octubre

En el semanario “La luna de metrópoli” que publica el diario El Mundo, Juan Sardá Froutchmann, en la sección “Lunáticos”, hizo un elogio excesivo a Pedro Amorós, amenazador cliente de este blog como lo comenta con una agradable mala leche, por cierto, Maestro de marionetas.

En este artículo, se repiten las taradeces que Amorós ha hecho publicar sobre sí mismo, bajo el elogioso título “Erudito cazafantasmas”, que debe haberle encantado a la editorial Nowtilus que es la que merca el libraco y, en general, cualquier tontería que se le ocurra escribir a cualquier friki.

En esta nota Sardá sólo acierta al decir que esto de la paranormalología “tendemos a pensar que es asunto de charlatanes”, pero remata “sin embargo, nada parece indicar que Pedro Amorós (Alicante) sea un cuentista, todo lo contrario”…

Pues no. Una investigación como la que debió hacerse demostraría que todo indica sin lugar a dudas que estamos ante un mentiroso de clase mundial, si no es que se trata de un mitómano con delirios peligrosos. Y evidentemente, nada hace suponer lo contrario. Es evidente, Sardá, que no le hiciste a nadie pregunta alguna para sustentar esa afirmación.

Ni siquiera revisaste la hemeroteca del propio diario en el que escribes, porque en tal caso te habrías topado con el trabajo de J. Cavanilles y P. Tormo, ya reseñado aquí, donde no sólo se demuestra que Pedro Amorós es desafecto a la más elemental verdad, sino que él mismo confiesa sus camelos.

Y digo eso por no decir que te podías haber pasado por este blog, ya que cuando buscas en Google “Pedro Amorós”, El retorno de los charlatanes aparece en cuarto y quinto lugar (la entrada que aparece en quinto lugar en esta búsqueda actualmente es, por pura coincidencia, aquélla en la que glosamos el reportaje de Cavanilles y Tormo en El Mundo).

O sea, el periodista ni siquiera se tomó la molestia de hacer una elemental búsqueda en Internet, y sin base alguna dijo sobre Pedro Amorós Sogorb: “colaborador del programa de la NASA para la búsqueda de vida extraterrestre” (mentira descarada e ignorante), “asesor de guionistas como los de Expediente X” (mentira demostrada por El Mundo), “respetado congresista internacional” (mentira megalomaniaca insostenible) y “amigo y colaborador de Fernando Jiménez del Oso” (probablemente cierto, pero, ¿qué demuestra eso?). Todo con objeto de anunciar el libraco de Pedro Amorós sobre “psicofonías”.

Pero la cereza del pastel la pone, no podría ser de otro modo, el propio pluriprevaricador Pedro Amorós Sogorb, ese personaje que, según mis fuentes, sigue sin ser ingeniero informático pero sigue siendo agente de seguros (cosa que podrían tomarse a ofensa los agentes de seguros, en general gente seria y centradita) y que trabaja cómodamente en la empresa de papá. Dice Pedro Amorós: “la gente debería comprender que hay mucha diferencia entre un friqui y un investigador serio”.

Esto hay que repetirlo en negritas: “la gente debería comprender que hay mucha diferencia entre un friqui y un investigador serio”.

Ojo, esto probablemente no ocurra de nuevo, no se lo pierda: estamos totalmente de acuerdo con Pedro Amorós Sogorb, la gente debería comprender las enormes diferencias que hay entre un friqui como Pedro Amorós, que se dice “experto” de asuntos de los que lo ignora todo (como son las sectas), que alucina que tiene título universitario, que falta a la verdad fingiéndose muchas cosas que no es, que ignora los principios esenciales del método de investigación (científica, documental, periodística, técnica, etc.) y que vende títulos “de licenciatura” y “de doctorado” sin valor alguno; un friqui que en nada se diferencia de Paco Porras o de la Bruja Lola, y gente valiosa como Stephen Hawking, Michio Kaku, los miembros del SETI Institue al que no pertenece Amorós, Roger Penrose, Richard Dawkins, Bob Bakker y tantos otros brillantes investigadores de las más variadas disciplinas, que hacen avanzar el conocimiento de todos, que realizan actividades útiles para la humanidad y que, sin duda alguna, merecen tener, en la percepción popular, el sitio que usurpan Pedro Amorós y los demás integrantes de su manada.

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